México: bajando la resbaladilla de la corrupción.


Por Miguel Ángel Gómez Jácome


Hoy se publicaron los resultados del Índice de Percepción de Corrupción (CPI) 2018 de la organización Transparencia Internacional (TI). Este índice es publicado anualmente desde 1995, el cual analiza los niveles -percibidos- de corrupción en 180 países. Desde 2012, TI adecuó su metodología para que los índices siguientes fueran comparables año con año. Sin que sorprenda a prácticamente nadie, los resultados muestran -por CUARTO año consecutivo- una preocupante caída en el resultado de México.


En 2012 México se colocaba en un no tan fabuloso lugar 105, con un resultado de 34 sobre 100, 100 siendo menos corrupto y 0 siendo más corrupto. Y aunque en 2014, un pequeño rayo de esperanza iluminó el resultado del índice, en el que México logró acercarse al lugar 100 (103) y subió un punto en su resultado, para los años 2015, 2016, 2017 y 2018, la historia ha sido otra, al pasar, respectivamente, por los lugares 111, 123, 135, hasta el increíble lugar 138 en 2018. Pareciera que México se convirtió en un niño de cinco años y en una tarde lluviosa decidió subirse a una resbaladilla para no poder dejar de caer sin control por la pendiente.


En el ámbito del estudio de la corrupción, no son pocos los críticos del CPI y su metodología. La mayoría coincide, e incluso TI reconoce hasta en cierto tono de advertencia -en plan, luego no me digan que no les dije-, en que el CPI muestra solo una imagen de la realidad y que mide percepciones, no niveles tangibles de corrupción. Menciono esto porque entonces la pregunta básica en esta medición es ¿qué ha hecho que México se perciba año con año como más corrupto? O ¿es de verdad un día lluvioso en el que el niño simplemente no puede detenerse?


En mi opinión, hay al menos dos factores que han contribuido a que México se perciba más corrupto en los últimos resultados. Por un lado, como bien todos saben, han sido diversos escándalos los que han plagado nuestra vida pública en los últimos años. Desde una enorme estafa y abuso en el uso de recursos públicos mediante triangulaciones con universidades, resultando en la desaparición de recursos, hasta los flamantes e impresentables gobernadores de los últimos años, algunos que presuntamente simularon la compra de medicina o que abarataron terrenos para familiares y amigos en una de las zonas turísticas más visitadas del país. O incluso aquel norteño que decidió que era una excelente idea construir una presa que privaría de agua a sus ciudadanos. Y qué decir del que simplemente sigue prófugo de la justicia. En fin, este tipo de escándalos que parecen ser la norma en nuestro país, pueden contribuir a que, con el paso de los años, y sin sorprender, se perciba a México como un país cada vez más corrupto.


Y el segundo factor es el permanente uso de la palabra corrupción para explicar, al parecer, absolutamente todos los males que vivimos. No me entiendas mal querido lector, colocar a la corrupción en la boca de todos y en la discusión nacional se me hace un paso fundamental para detener la normalización de esta en la vida nacional. Sin embargo, además de colocar la discusión y centrar el discurso alrededor de ello, se debe acompañar de acciones concretas para poder combatirla. Es cierto, el gobierno actual lleva poco tiempo, pero es importante que dé pasos fundamentales como la designación del Fiscal Anticorrupción y de los jueces del Tribunal Federal de Justicia Administrativa. Estos pasos son básicos si se quiere pasar más allá de la retórica, ya que decisiones recientes han opacado los potenciales avances, como la falta de voluntad de hacer una fiscalía verdaderamente independiente del ejecutivo.


México tiene mucho potencial para lograr cambiar la aparente permanente caída por la resbaladilla. Aunque atrasados, se están empezando a consolidar los Sistemas Estatales Anticorrupción, ya hay Fiscal General y esperemos que con él llegue el Fiscal Anticorrupción, y al menos el tema de la corrupción ya está más generalizado en las pláticas de todos, más como un problema, que como un “pues así son las cosas”. Esperemos que más acciones concretas puedan lograr que el niño se dé cuenta que no es un día lluvioso, sino uno soleado y que, aunque le duela, puede meter las manos para detener su resbalón.


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Internacionalista con maestría en Corrupción y Gobernanza, con interés en temas de rendición de cuentas, transparencia, anticorrupción, análisis político, mediático, de seguridad y legislativo. Socio fundador de Crecer e Innnovar Contigo A.C., grupo que busca generar impacto directo mediante el análisis de políticas públicas, propuestas legislativas y proyectos sociales

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