El infalible método de la exposición pública como legitimación de voluntades

Por José Ivan Suárez Guzmán

Es dos mil dieciocho y no es necesario recorrer largos caminos en la memoria para acordarse de alguna manifestación que nos haya parecido sin ningún sentido en su momento, una declaración de algún actor político, de un ciudadano promedio, algún periodista o persona alguna que nos haya hecho cuestionar la veracidad de su dicho o bien en redes sociales y mensajería electrónica observamos a diario información “anónima” o con remitente que carece de alguna fundamentación real.

Es más, me atrevería a asegurar, sin miedo a errar, que por lo menos una vez en el día tenemos alguna de estas experiencias, sin embargo, se ha hecho de lo más común y ahora vamos a explicar por qué.

Como cualquier mortal con un poco de masa gris asentada en su cráneo sabe que en épocas anteriores eran pocos los medios de comunicación que existían, esto sucedía por diversos factores, costo-acceso de maquinaria y producción, conocimientos técnicos y sobre todo relación tiempo-alcance de lo que se quería transmitir al público en general.

Bueno ese no es el punto, sino que eran pocos los medios de comunicación y esa era la forma más sencilla de lograr un alcance respecto a alguna noticia, declaración o información que se deseaba hacer extensiva, desde luego para disfrutar de ese servicio se tenía que pagar por él y evidentemente no era barato hacerlo.

En la medida que fue avanzando la tecnología en mass media esas barreras se fueron rompiendo de manera abrupta, la información comenzó a fluir como agua y cada vez más personas tuvieron acceso a servicios como el internet al grado de considerarse ahora como una necesidad más que un lujo. Lo que en lo personal considero positivo.

Sin embargo, este exponencial crecimiento nos trajo en concreto a la sociedad mexicana y especialmente veracruzana un problema que aún no es reconocido como tal por demasiadas personas.

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Este problema es básicamente la dificultad de la sociedad de discernir entre una información y otra, generando un fenómeno de aceptación inmediata de la información con el simple hecho de verla, escucharla o incluso sentirla.

No es tan complejo, hace un par de años se aprobó la aplicación de la mentada reforma educativa en el país, hecho que generó molestias en el magisterio y comenzó con una serie de debates, protestas y enconos, conflictos que han resultado estériles para los ciudadanos mexicanos.

Entre los docentes se regó la información de que dicha reforma significaba el término de la vida tal y como lo conocemos, se vendió la idea de que era lo peor, de que los correrían, de que la evaluación era inquisitiva, en fin, lo que realmente sucedió es que la mayoría de los maestros no había leído lo que la ley marcaba realmente, se hizo el teléfono descompuesto y terminaron por luchar contra a algo que ni conocían, por eso fue estéril. Independientemente de que sea mala o no la reforma, no fue posible revertirla porque no sabían qué sucedía realmente.

El tiempo nos hizo ver que ni corrieron a nadie, ni rindieron frutos las evaluaciones y solo se libraron batallas que afectaron a la educación en el país.

En la administración del ahora encarcelado y antes enemigo público número uno Javier Duarte, tuve la oportunidad de laborar con excelentes personas en el DIF estatal, en ese espacio hicimos lo propio en la defensa de las niñas, niños y adolescentes.

Como lo dice muy claro el principio de legalidad para funcionarios, solo es posible hacer lo que la ley señala. En una ocasión se solicitó el resguardo a la autoridad ministerial competente de unos menores que vivían en condiciones realmente de vulnerabilidad, me atrevería a decir que los rescatamos.

En esa ocasión una periodista, que para mí es profesional y seria, lo digo en serio, tuvo un acercamiento con la progenitora de los niños citados anteriormente, la cual obviamente vendió una idea de victima absoluta a los medios de comunicación y nuestra amiga periodista la compró, quiero decir se casó con esa idea e inicio una embestida contra la institución de asistencia social. Esto desde luego trajo consigo el señalamiento de la sociedad en contra de nosotros, sin que se supiera la realidad del asunto, sin que importara que a través de distintas diligencias y conforme a la ley se hubiera detectado que los niños eran víctimas de abandono, omisión de cuidado y maltrato, vaya no estaban ni asentados en el registro civil y mucho menos tenían acceso a los servició públicos que el estado está obligado a dotar.

Desde luego que eso no repercutió en que los niños fueran resguardados y se les brindara la protección del estado y la asistencia social que requerían, pero desde luego que fue irritante el hacer bien tu trabajo y que se tergiverse la información solo por el hecho de que no guste a una persona.

Ahora veo cualquier clase de manifestación en vía pública que realmente considero sin fundamento más allá de la simple intensión de la imposición de la voluntad personal de uno o algunos.

Por ejemplo, sin el afán de señalar a nadie en particular, circula en redes sociales y medios de comunicación las quejas de padres de familia por el costo de inscripción, cuotas de recuperación y útiles escolares, en algunos casos esto ha generado que los padres de familia realicen manifestaciones o incluso toma de instalaciones educativas para exigir que estas acciones se detengan, desde luego que el reclamo puede ser legítimo, pero el método no.

Imaginémonos este panorama, están en sesión ordinaria los diputados del congreso local y se va a discutir un punto, entonces como mi voluntad es que ese punto no salga aprobado, pero sé que por mayoría saldrá positivo tomo la tribuna o las instalaciones para evitarlo, se estaría tratando de un acto aparte de inconstitucional, un chantaje cuyo único propósito es imponer una voluntad sobre otra, a caray eso ya ha pasado.

El punto es que ahora no hay instancias, jurídicas o administrativas que tengan credibilidad frente a los embates de los medios masivos de comunicación, es decir todo contenido que se expone en las redes es por sí mismo un argumento que por lo menos abre un debate aun cuando carezca de toda verdad.

Se ha hecho entonces una fórmula infalible para la imposición de la voluntad y es más o menos así; yo tengo una idea, el individuo de enfrente tiene otra, mi idea puede o no ser sostenible, pero al del sujeto de enfrente también, luego de una discusión argumentos uno a uno y toda vez que no obtuve la victoria de ese enfrentamiento lo exteriorizo, lo expongo en redes sociales, con amigos, etc. Con el único objetivo de obtener el respaldo de los demás, pero no me conformo con eso, no, quiero que se destruya aquella idea manifestó por el de enfrente, sin importar si es buena o no, lo que deseo es que mi idea se tome como única y verdadera y mi voluntad es que la idea contraria sea destruida y solo puedo obtenerlo si un cierto número de personas me dan su aprobación, ¿Por qué? Por una simple razón, la aprobación de las masas legitima las ideas por mas arcaicas, retrogradas y estúpidas que sean.

Entonces en consecuencia impongo mi voluntad sobre la de otro u otros, haciendo público lo que es privado, para que aquel que se me oponga reciba en ese acto la desaprobación de los demás, dotando así de una falsa legitimidad del colectivo.

En esta época, esa es la forma en la que se manejan las cosas, este mecanismo de manipulación parece no tener un antídoto, amenos ninguno visible aún.

¿Qué tanto te gustó lo que leíste?


Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Aspirante al Titulo de Maestro por el Instituto de Administración Pública del Estado de Veracruz, me he desempeñado en la Administración Pública Estatal desde hace 7 años.

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