El teorema de la imposibilidad de Arrow o el por qué los partidos deberían de preocuparse por administrar bien su triunfo después de la elección

Estrategia Marcada

Por Jesus Jair Zamudio Aguirre

 

“Se hace campaña en poesía y se gobierna en prosa.”
Mario Cuomo

En la teoría de la elección social, el Teorema de Imposibilidad de Arrow (TIA) establece que cuando se tienen tres o más alternativas políticas para que un cierto número de personas voten por ellas (o establezcan un orden de prioridad entre ellas), no es posible diseñar un sistema de votación (o un procedimiento de elección) que permita generalizar las preferencias de los individuos hacia una “preferencia social” de toda la comunidad.

De manera tal, que al mismo tiempo se cumplan ciertos criterios “razonables” de racionalidad y valores democráticos. O en términos más sencillos: en ausencia de una unanimidad plena y bajo hipótesis que parecen razonables, el interés colectivo no puede existir.

¿Qué nos quiere decir esto? Que parece imposible diseñar un sistema electoral que pueda sumar los anhelos individuales de las personas para construir un consenso que deje a todos los miembros del colectivo lo suficientemente satisfechos con lo que se ha elegido.

Y esto podría explicar el por qué a pesar de todas las reformas electorales que se han hecho desde la década de los sesenta y hasta la reforma del año 2014 y a pesar de los avances tangibles que se pueden argumentar como la inclusión de minorías y representación del mayor número de grupos sociales en la construcción del país; los ciudadanos mexicanos siempre parecemos estar inconformes con nuestros gobernantes.

Porque seamos sinceros, es verdad que el Lic. Andrés Manuel López Obrador y su Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) arrasaron en esta última elección consiguiendo un voto histórico que representa más del 53% de los votos, (mas no de todos los posibles electores y menos de todos los habitantes del país) lo que significa que 30 millones 46 mil personas lo eligieron como el mejor proyecto y aunque sus seguidores son muy fieles y comprometidos a su causa y también parece que los distingue el manejo y uso que le dan a las redes sociales para magnificar esto, eso no significa que tenga un aval unánime.

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Aún existen muchos detractores de “La cuarta Transformación de la República” como él mismo ha proclamado a su proyecto y es ahí donde la gente encargada de la comunicación del Presidente Electo y también de su partido, deberán trabajar con mucha visión y estrategia para sobrellevar lo que podría llegar a ser una aplastante opinión pública.

Que como vimos en el último sexenio y más allá de las acciones que le demostraron oposición y prensa al aún Presidente Peña Nieto y a su partido, pueden ser un lastre muy pesado para cualquier administración y un freno para las acciones que quieren llevar a cabo.

Porque debemos ser claros en esto, no somos ingenuos y sabemos que 6 años jamás serán suficientes para la transformación total de México, pero es un periodo de tiempo específico para diseñar un plan realizable y sobre todo medible que forzosamente debe ir acompañado de un plan de comunicación bien diseñado como prioridad. Y no, no estoy diciendo que se gasten las montañas de dinero para anunciar al presidente como se hizo en este sexenio que acaba (más como producto que como idea de gobierno o representación de un ideal de país) sino que se haga con objetivos públicos y de gobierno, relatándonos como conciben a la Nación desde el poder para que nosotros podamos aprobar o no.

Porque siguiendo con el ejemplo de los que se van, considero que no deben caer en el error de querer imponer una agenda (aunque no convenza ni a los de su propio partido) creyendo de que es lo mejor o la panacea (pero que jamás fue aceptada) sobre todo si es dictada por agentes exteriores o en este caso podría ser por las ideas fijas de una sola persona, sino que deben tener la creatividad para medir el humor social y recoger las expectativas que como ciudadanos (más que como simples consumidores) tenemos respecto al tipo de sociedad en la que esperamos vivir.

El voto de confianza y la victoria electoral ya están en sus manos, es momento de administrar la victoria y medir cada uno de los pasos que den en la sincronía de un gran plan por estos próximos 6 años; desde el presidente y cada uno de los miembros de su gabinete y partido, no porque sean ellos, sino por las circunstancias de México hoy y en comparación de lo que hicieron los que se van.

Tendrán la obligación de que cada una de sus acciones se encaminen a:
Combatir férreamente la corrupción e impunidad y castigarla ejemplarmente sobre todas las cosas (Con instituciones y leyes que reparen el grave daño a la confianza) y
Construir un gobierno cercano a la gente (Que use el poder por y para los ciudadanos)

Más allá de lo mínimo al Implementar un plan integral de desarrollo social, económico y de infraestructura, todo esto aunado a un gran trabajo de comunicación que sea capaz de transmitir estos puntos desde una óptica de compromiso y en contraparte de la frivolidad que acaba, para mi esta es la estrategia marcada si quieren no sólo repetir más de un sexenio, sino al final terminar con el reconocimiento de una mayoría aunque no se llegue jamás al consenso.

¿Qué tanto te gustó lo que leíste?


Datos del autor:

Mercadólogo, ganador del premio nacional de publicidad, originario de la Cuenca del Papaloapan

 

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