El orden y las ventanas rotas de la nación

Themis y Deucalión
Por Luis Miguel Rodríguez Alemán

 

Antes de comenzar, quisiera en primer término enumerar las razones por las que muy probablemente al final de este texto puedas llegar a pesar que no tengo razón, o estoy equivocado en mi análisis, pero que te comparto como un ejercicio de sinceridad antes de comenzar con el tema.

Primera, no soy experto en la materia, no tengo posgrados ni especialidades al respecto; segundo, escribo el texto con un sesgo muy importante, en algún punto del mismo hablo acerca de mi ciudad natal, por la que siento un profundo cariño y que es probable que reduzca mi objetividad (pero me parece un buen ejemplo); y tercero, soy un optimista cuando de cambiar al país se trata, estoy convencido de que el cambio es una mezcla entre voluntad de la autoridad, y responsabilidad de los ciudadanos. Finalmente este texto busca, desde una perspectiva ciudadana, aportar ideas para la transformación del país, mediante una formula que lejos de ser una solución total, puede ser el inicio de una gran transformación paulatina.

Estoy convencido que el orden puede ser la fórmula definitiva para transformar las condiciones actuales del país. Así lo han planteado también diversos autores, como los criminólogos James Q. Wilson y George Kelling, padres de la teoría de las ‘ventanas rotas’, quienes han afirmado mediante sus estudios que el crimen es el resultado inevitable del desorden. Yo añadiría también la falta de progreso, como una consecuencia de la falta de orden en la sociedad y el gobierno.

Según la teoría de estos dos criminólogos, algo tan elemental y sencillo como, hacer respetar los reglamentos y leyes más básicas de una sociedad, puede generar cambios directos e indirectos en el entorno en que se aplica. A contrario sensu, una sociedad que incumple con estas reglas básicas y un gobierno que lo permite, podría ser la explicación de las crecientes tasas de criminalidad y corrupción.

Y probablemente a estas alturas del texto, ya estes de plano descartando la idea. ¿El orden? ¿De qué me habla este tipo? Es algo tan obvio que probablemente ya se le hubiera ocurrido a algún gobernante antes ¿no?.

Y si, este texto trata de eso, de dos ejemplos donde el orden desde el gobierno, permitió avances importantes en la calidad de vida de los ciudadanos y como estos ejemplos pueden servir de punto de partida para cualquier gobernante que quiera o aspire realmente a transformar su entorno.

El éxito de la política ‘cero tolerancia’ del famoso alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani comenzó probablemente una década antes, cuando aún era Fiscal de Distrito del Sur de Nueva York.

Por aquella época, Nueva York vivía una de las peores rachas de criminalidad en la historia de la ciudad, el crimen parecía incontrolable, las grandes organizaciones criminales se habían apoderado de las calles, y la corrupción había rebasado al sistema policial.

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El mismo Kelling (criminólogos y padre de la teoría de ‘los cristales rotos’) fue contratado por la Transit Authority of New York como asesor, ante la urgente necesidad de la autoridad por encontrar soluciones al creciente problema de crimen en la isla.

¿Era posible que con acciones tan menores como revisiones en las entradas de las estaciones del metro o impidiendo la pinta de grafitis se pudiera combatir crímenes mayores? Suena irreal ¿no?

Pues, a pesar del escepticismo se le permitió implementar su teoría de los cristales rotos y tal política de cero tolerancia (orden) tuvo un efecto importantísimo en el combate al crimen y generó en un corto plazo una caída considerable de los índices de crímenes mayores en la ciudad.

Malcolm Gladwell, uno de los sociólogos más relevantes de las últimas décadas, describe mejor esta anécdota, y puntualiza que el orden impuesto como política por la nueva autoridad metropolitana de la ciudad, generó un punto de inflexión (Tipping Point) que tuvo efectos directos e indirectos en toda la estructura criminal de aquella época.

Véalo usted así, según los estudiosos del orden como política pública, un gobierno que no combate o no tiene la capacidad para combatir crímenes menores, difícilmente podrá hacerlo con crímenes mayores, y manda en consecuencia, un mensaje gravísimo de incapacidad, que quienes ejercen el crimen interpretan como carta abierta de impunidad,

Pero el orden no solo tiene efectos positivos en el combate al crimen, también es un catalizador importante de bienestar ciudadano y progreso.

Recuerdo el día que, en mi municipio natal, Orizaba, la autoridad municipal comenzó por toda la ciudad a delimitar las zonas permitidas de estacionamiento y las zonas prohibidas. De la noche a la mañana, se endurecieron las políticas al respecto, si dejabas tu vehículo aunque fuera un minuto y unos centímetros fuera de estas zonas delimitadas, era muy probable que fueras multado o remolcado por la grúa. Evidentemente esto causó en un primer momento enorme molestia entre la población, que lo veía como un exceso del municipio.

Pero a pesar de la presión y la molestia, la autoridad municipal no cedió, por el contrario, siguió aumentando el orden al imponer sanciones severas al pasaje público que no respetara las paradas señaladas como permitidas para subir y descender pasaje, o a quienes no respetaran las señales de transito y vialidad.

Fue una transición complicada, reeducar a una sociedad acostumbrada a pararse en doble fila, pasarse un alto, dar vuelta en lugar prohibido o conducir en estado de ebriedad no fue nada fácil, pero al final, hoy puedo presumir como visitante eventual de mi querido municipio, que el orden se nota y se disfruta, y en una ciudad que ha ido transformándose de industrial a turística, el orden ha permitido a locales y visitantes disfrutarla a plenitud.

Debemos entender que el desorden no es parte inherente de nuestra cultura, quien así lo afirme está equivocado. Muchos especialistas en el tema han afirmado que el desorden se da en cascada, ya que si la autoridad no me lo exige, yo no lo hago. Quienes viven cerca de la frontera con los Estados Unidos pueden dar cuenta de ello. Cada que cruzan al país vecino modifican sus conductas de conducción y respeto por las leyes y reglamentos. ¿Por qué? Pues simplemente por el hecho de que allá, la autoridad si impone el orden y lo hace cumplir, y el ciudadano actúa en consecuencia.

Entonces, hagamos ese ejercicio, pongamos en orden nuestro entorno, y veamos que cambios se generan, la gran ventaja del orden es que suele ser contagioso, y si no viene de arriba de quienes nos gobiernan, contagiemos de orden desde abajo, a quienes nos interesa.

 

¿Qué tanto te gustó lo que leíste?


Datos del autor:

Abogado, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, fundador de plumasprogresistas.com, Presidente Estatal de la Agrupación Política Nacional Ala Progresista en Veracruz.

Facebook: facebook.com/lmaleman – Twitter: @RodrguezAleman

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