El orden y las ventanas rotas de la nación

Themis y Deucalión
Por Luis Miguel Rodríguez Alemán

La reciente transición democrática, nos ha demostrado a los mexicanos que, sin duda no existen fórmulas mágicas que permitan transformar al país de la noche a la mañana. La descomposición y deterioro del estado de derecho han llevado a nuestro país a un escenario en el que la falta de orden en todos los niveles de gobierno, se traduce en perjuicios crecientes que atentan en contra de nuestra forma de vida.

Sobre ello, siempre he creído y estoy convencido que el “orden” –así tal cual– puede ser la fórmula definitiva para transformar las condiciones actuales del país. Y a pesar de parecer un concepto sencillo, así lo han planteado también diversos autores, como los criminólogos James Q. Wilson y George Kelling, padres de la teoría de las ‘ventanas rotas’, quienes han afirmado –mediante diversos estudios sobre el tema– que el crimen es el resultado inevitable del desorden. Extendiendo un poco las conclusiones de los teóricos citados, me atrevería a añadir que la falta de progreso, es también  una consecuencia directa de la falta de orden en la sociedad, pero principalmente en el gobierno.

Según la teoría de estos dos criminólogos, algo tan elemental y sencillo cómo puede ser, hacer respetar los reglamentos y leyes más básicas de una sociedad, puede generar cambios directos e indirectos en el entorno en que se aplica. Entendido a contrario sensu, una sociedad que incumple con estas reglas básicas y un gobierno que lo permite, puede ser la explicación de las crecientes tasas de criminalidad y corrupción que imperan en el país.

Y probablemente a estas alturas del texto, la sencillez de ésta idea este provocando una reacción que te haga descartadla de plano. ¿El orden? ¿De qué me habla este tipo? Es algo tan obvio que probablemente ya se le hubiera ocurrido a algún gobernante antes ¿no?.

Y si, este texto trata de eso, de dos ejemplos donde el orden aplicado como política pública desde el gobierno, permitió y generó avances importantes en la calidad de vida de los ciudadanos; así como un relato sobre como estos ejemplos pueden servir de punto de partida para cualquier gobernante que quiera o aspire realmente a transformar su entorno.

Como primer antecedente, me permito referirme al éxito de la política ‘cero tolerancia’ impulsada por el famoso alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, misma que comenzó probablemente una década antes, cuando aún era Fiscal de Distrito del Sur de Nueva York.

Por aquella época, Nueva York vivía una de las peores rachas de criminalidad en la historia de la ciudad, el crimen parecía incontrolable, las grandes organizaciones delictivas se habían apoderado de las calles, y la corrupción había rebasado al sistema policial.

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El mismo Kelling (criminólogos y padre de la teoría de ‘los cristales rotos’) fue contratado por la Transit Authority of New York como asesor, ante la urgente necesidad de la autoridad por encontrar soluciones al creciente problema de crimen en la isla.

¿Era posible que con acciones tan menores como revisiones en las entradas de las estaciones del metro o impidiendo la pinta de grafitis se pudiera combatir crímenes mayores? Suena irreal ¿no?

Pues, a pesar del escepticismo se le permitió implementar su teoría de los cristales rotos en áreas puntuales de la ciudad y tal política de cero tolerancia (entendida como una suerte de orden) tuvo un efecto importantísimo en el combate a la delincuencia y generó en un corto plazo una caída considerable de los índices de crímenes mayores en la ciudad.

Sobre lo anterior Malcolm Gladwell, uno de los sociólogos más relevantes de las últimas décadas, describe mejor esta anécdota y puntualiza que, el orden impuesto como política por la nueva autoridad metropolitana de la ciudad, generó un punto de inflexión (Tipping Point) que tuvo efectos directos e indirectos en toda la estructura criminal de aquella época.

Véalo usted así, según los estudiosos del orden como política pública, un gobierno que no combate o no tiene la capacidad para combatir crímenes menores, difícilmente podrá hacerlo con crímenes mayores, y así en cascada se manda un mensaje gravísimo de incapacidad y parálisis gubernamental, que quienes ejercen el crimen interpretan como carta abierta de impunidad.

Pero el orden no solo tiene efectos positivos en el combate al crimen, también es un catalizador importante de bienestar ciudadano y progreso.

Sobre ello, recuerdo el día que, en mi municipio natal, Orizaba, Veracruz la autoridad municipal comenzó por toda la ciudad a delimitar las zonas permitidas de estacionamiento y las zonas prohibidas. De la noche a la mañana, se endurecieron las políticas respecto al orden vial, al grado que si dejabas tu vehículo aunque fuera un minuto y unos centímetros fuera de estas zonas delimitadas, era muy probable que fueras multado o remolcado por la grúa. Evidentemente en un primer momento esto causó enorme molestia entre la población, que lo veía como un exceso del municipio.

Pero a pesar de la presión y la molestia, la autoridad municipal no cedió, por el contrario, siguió aumentando el orden al imponer sanciones severas también al transporte público que no respetara las paradas señaladas como permitidas para subir y descender pasaje, o a quienes no respetaran las señales de transito y vialidad.

Fue una transición complicada, pero básicamente consistió en reeducar a una sociedad acostumbrada a pararse en doble fila, pasarse un alto, dar vuelta en lugar prohibido o conducir en estado de ebriedad, pero al final, hoy puedo presumir como visitante eventual de mi querido municipio, que el orden se nota y se disfruta, y en una ciudad que ha ido transformándose de industrial a turística, éste nuevo orden ha permitido tanto a locales como visitantes disfrutar la ciudad en plenitud.

Finalmente, debemos entender que el desorden no es parte inherente de nuestra cultura, y quien así lo afirme está equivocado. Muchos especialistas en el tema han señalado que el desorden se da en cascada, ya que si la autoridad no me lo exige, yo no lo hago. Quienes viven cerca de la frontera con los Estados Unidos pueden dar cuenta de ello. Cada que cruzan al país vecino modifican sus conductas de conducción y respeto por las leyes y reglamentos. ¿Por qué? Pues simplemente por el hecho de que allá, la autoridad si impone el orden y lo hace cumplir, y el ciudadano actúa en consecuencia.

Entonces, hagamos ese ejercicio, pongamos en orden nuestro entorno, y veamos que cambios se generan, la gran ventaja del orden es que suele ser contagioso, y si no viene de arriba, de quienes nos gobiernan, contagiemos de orden desde abajo, a quienes en realidad nos interesa.

¿Qué tanto te gustó lo que leíste?


Datos del autor:

Abogado, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, fundador de plumasprogresistas.com, Presidente Estatal de la Agrupación Política Nacional Ala Progresista en Veracruz.

Facebook: facebook.com/lmaleman – Twitter: @RodrguezAleman

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