Amar: admirando y aceptando

 

Por Roberto López Barradas

 

Hemos hecho varias reflexiones sobre el amor, sobre el hecho de sentir y dar amor, sobre a quién debemos dar amor, pero hoy hablaremos sobre dos características, condiciones o manifestaciones implícitas del hecho de amar a una persona.

Primeramente, consideraremos el concepto de amar desde la característica o condición de admirar a la persona. Cuando amamos a alguien, podríamos decir que partimos de admirarla (o). El enamoramiento no surge de manera espontanea, en esa idea romántica del amor a primera vista, surge una atracción, un gusto, que empieza por la vista, como dice un dicho común, de la vista nace el amor y de ahí nos lanzamos a la conquista, al cortejo, al romance; pero, es a través del trato, donde podemos llegar a amar a la persona, porque ya tuvimos tiempo de conocerla y de esa forma empezamos admirarla.

Te amo porque admiro tu belleza; te amo porque admiro tu forma de ser; admiro tu bondad, tu gentileza, tu calidad humana, admiro la forma en que me tratas.

La admiración que le tenemos a la persona amada, nos mantiene en ese estado de enamoramiento, pensamos que nos hace feliz tener al lado a alguien tan admirable, hasta lo consideramos un privilegio, una suerte, una bendición, amar y ser amado por ese alguien.

Muchas de las veces, la admiración al ser amado crece al contemplarlo cuando el o ella no se da cuenta de que le observamos  hasta con ojos de zorrillo enamorado. Y lo que me gusta más aun, es que con el tiempo la admiración se hace más fuerte, y por consiguiente, el amor. Admiro tu paciencia, admiro tu dedicación, tu apoyo, tu consuelo, tu consejo, admiro tu amor.

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Al mismo tiempo, que amamos a alguien, que le admiramos, de manera paralela el amar se trata de aceptar. Pero vamos a decir aceptar, en una forma total y casi incondicional. Cuando amamos a alguien, de manera implícita, la aceptamos tal y como es, aceptamos su forma de ser, su forma de pensar, la forma en como concibe el mundo. Aceptamos su condición socioeconómica, ideológica, creencias religiosas, su nivel intelectual, su formación académica, sus principios y valores.

También podemos decir que aceptamos o toleramos, o consentimos a sus a amistades, sus relaciones pasadas, sus compañeros de trabajo o de escuela, aceptamos a su familia.

En conclusión, podemos decir, que al amar, admiramos y aceptamos a alguien tal como es y todo lo que conlleva, y al final terminamos queriendo parecernos a ese alguien, lo que me recuerda una canción de mi infancia que interpretaba Emmanuel que dice: “enséñame, enséñame, a ser feliz como lo eres tú, a dar amor como me lo das tú, a perdonar como perdonas tú, sin recordar el daño nunca más, nunca más. Enséñame, enséñame, a consolar como consuelas tú, a confiar como confías tú, a repartir sonrisas como tú, sin esperar a cambio nada más, nada más. Tengo mucho que aprender de ti amor, tengo mucho que aprender de ti amor.”

 

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Abogado con maestría en Derecho Constitucional, Abogado del DIF de Xalapa, Enlace administrativo de Liconsa, Secretario Particular del alcalde de Banderilla, Oficial del registro civil de Banderilla, Oficial del registro civil de Emiliano Zapata y Asesor en la coordinación estatal de juntas de mejoras⁠⁠⁠⁠.

 

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