Mea culpa

Por Daniel H. Martínez

Los ratones corrieron en todas direcciones, mientras el gato yacía muerto en la sala; un asesinato atroz frente al televisor. Sólo un ratón se quedó en el cuarto, fumando un pitillo al tiempo que consultaba la hora en el reloj suizo de la pared (el mismo que el tío Bermudas había obsequiado). Caminó hasta la cocina por una cerveza, jugando con sus bigotes, pensando – ¿Cómo explicar aquella situación? – Era sólo un ratón con afecto al tabaco y al queso, nadie iba a creer si decía que el pinche gato murió de una caída entre el librero y la televisión o que murió de curiosidad.

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Por dónde le buscará estaba jodido, habría que contestar las típicas preguntas periciales: ¿Cómo era su relación con el gato? ¿nombre del gato? ¿quién bañaba al gato? Etcétera. De repente se escuchó un ruido de puerta, era la llave ocupando su lugar en el orificio y abriendo la puerta. Habían llegando Mariah y Rafael (una joven pareja española y dueños de aquella casa) de su caminata nocturna; ahora sabía que no había escapatoria y que tenía que explicar aquella situación, no sabía si encararlos en la sala junto al cuerpo o esperar a que llegarán a él en la cocina.

Un grito hizo presencia y eco en toda la casa, era Rafael quién ya había encontrado al gato muerto en la sala, al tiempo que Mariah entraba en la cocina y lo veía a él, sentado terminando de beber su cerveza como cualquier otro ratón. Se quedaron mirando mutuamente durante unos segundos y cuando el ratón quiso esbozar algunas palabras Mariah abandonó la cocina para regresar minutos después con Rafael.

Apenas y entraron el ratón soltó a llorar y les dijo que también a él le dolía la muerte del gato, les juró que hasta sería capaz de arrancarce el corazón si eso le regresara la vida al gato, que no sabía cómo explicarles lo que pasó.

Mariah y Rafael no decían nada se limitaban a escuchar al ratón mientras juntaban las manos a la italiana, la tensión en la cocina se hizo abdominal y catastrófica hasta que Mariah no pudo resistir más y gritó: Rafael DECIME CÓMO POLLAS ES QUE EL RATÓN ESTÁ HABLANDO, COÑO.

 

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Datos del autor:

Xalapeño, estudiante de la facultad de Idiomas en la Universidad Veracruzana, y estudiante de gastronomía en la Universidad Euro Hispanoamericana.

 

 

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