Cerrando ciclos

Por Roberto López Barradas

 

Estos días se han visto llenos de eventos de clausura de cursos por parte de las escuelas de todos los niveles, desde el preescolar hasta el universitario, todos llenos de emotividad, alegría, júbilo y nostalgia. Los alumnos participan en festivales culturales, musicales de mucho colorido y algarabía. Todos los alumnos ven cristalizado un logro más en su formación académica, mientras que los maestros ven una misión cumplida, en la noble y muy admirable tarea de enseñar y transmitir los conocimientos propios de cada materia.

Para todos, alumnos y maestros, concluye un ciclo escolar, que deja a su paso un cúmulo de conocimientos, experiencias, anécdotas, vivencias, que marcan la vida de quienes comparten las aulas; porque cada ciclo es diferente.

Pero hay otros ciclos, que no tienen que ver con el aprendizaje de materias, me refiero a los ciclos que se presentan en nuestra vida; etapas que pasan y terminan; otras que aún continúan en proceso y; otras que no se cierran porque es nuestro deseo no hacerlo, es nuestra voluntad que permanezcan abiertas, y me gustaría compartir algo al respecto que comentó el autor Paulo Coelho: “siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando ciclos, cerrando puertas o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿se acabó tu relación?, ¿ya no vives más en esa casa?, ¿debes irte de viaje? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente revolcándote en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender porque sucedió tal o cual cosa. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tus amigos, tu familia, todas y todos estamos encaminados hacia ir cerrando ciclos, ir dando vuelta a la hoja con momentos de la vida y seguir adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo.

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No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos pasar! por eso es tan importante a veces destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos y regalar libros. Los cambios externos, pueden significar procesos internos de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, hay que aprender a ganar o perder. Hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó, no esperes que regrese, no esperes que te reconozcan, no esperes que algún día se den cuenta quien eres tú… suelta el resentimiento.

El prender tu televisor personal para darle una y otra vez al mismo asunto, sólo te va a dañar lentamente, va a envenenarte y amargarte. La vida es para adelante y no hacia atrás. Si vas por la vida dejando puertas abiertas, por si acaso, nunca podrás desprenderte, ni vivir con satisfacción lo de hoy. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿necesidad de aclaraciones?, ¿palabras que no se dijeron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, ¡hazlo! Si no, déjalo ir, cierra ciclos. Di a ti mismo no, que no vuelven. Pero no por orgullo, ni soberbia, sino porque tú ya no encajas allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a que volver. Cierra la puerta, cierra el ciclo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida. Recuerda que nada es indispensable, ni una persona, ni un trabajo, ni un lugar. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir apegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin eso que hoy te duele dejar ir. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate. ¡Esa es la vida!”

Por último, humanamente esto es muy difícil de lograr, se necesita más que voluntad, se necesita cerrar ciclos y renovar nuestra mente, para convertirnos en nuevas personas, como dice la biblia en el libro de efesios capítulo 4 versículos 23 y 24: “Renuévense en el espíritu de su mente, y vístanse del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”

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Datos del autor:

Abogado con maestría en Derecho Constitucional, Abogado del DIF de Xalapa, Enlace administrativo de Liconsa, Secretario Particular del alcalde de Banderilla, Oficial del registro civil de Banderilla, Oficial del registro civil de Emiliano Zapata y Asesor en la coordinación estatal de juntas de mejoras⁠⁠⁠⁠.

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