Pobre Porfirio, tan cerca de México, tan lejos del perdón

Alea Iacta Est

Por Raúl Rodríguez Brito

“Díaz puso a México en el mapa del mundo como un país respetado, respetable. En su régimen se tendieron 18 mil kilómetros de ferrocarriles, hubo industrias, puertos, nuevas ciudades, edificios que todavía podemos contemplar y utilizar. La infraestructura económica, material, de México le debe mucho a ese periodo” – Enrique Krauze

“Porfirio Díaz, construyó y demostró trabajar por la gente y por el bien de México. Erigió un México que parecía indomable, sin embargo, el progreso fue palpable y a la vista de todos ese es su legado” – Jesús López Rodríguez, Presidente de la Junta de Coordinación Política de la LXII Legislatura del Estado de Oaxaca

La historia nacional suele ser muy severa con sus personajes más ilustres y un claro ejemplo, es José de la Cruz Porfirio Díaz Mori quien desde el 02 de julio de 1915 reside intranquilo en el cementerio de Montparnasse, en Paris.

¿Qué más se puede decir de este emblemático personaje principal de la historia de México que no se haya dicho ya en sus múltiples biografías? Hablar de don Porfirio es hablar de “Paz, Orden y Progreso”, tal y como se estableció durante su mandato.

Un hombre que, si bien es cierto, en sus últimos meses creyó ser indispensable para el país, a lo largo de su gobierno supo anteponer el beneficio, el progreso y el bienestar de una nación, antes que el propio.

Debemos aclarar una cosa, don Porfirio nunca quiso que algo malo le pasara a su México, sino todo lo contrario, y el avance que se reflejó en nuestro país durante los años de su presidencia, así como el amor y la fidelidad que tenía por México aún estando en el exilio lo demuestran.

Al momento de tomar posesión, el “Héroe del dos de abril”, recibió un país hundido en la miseria, azotado por las guerras civiles, las intervenciones extranjeras, la pobreza, la ignorancia y la inseguridad; pero el día 25 de mayo de 1911, día en que entregó su renuncia, también entregó un México muchísimo mejor del que recibió. Un México ordenado, tanto social como económicamente, educado, progresista y preparado para afrontar el nuevo Siglo.

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“El general Díaz fue, sin duda, el creador del México moderno. Después de sesenta años de agitación que precedieron a su administración, él llevó al país a un estado de progreso que no superaba ninguno de los países de América Latina… Bajo su guía, se creó orden a partir del caos, la prosperidad se desarrolló conscientemente en todas las clases y se formó un nuevo país. La grandeza del general Díaz [se reveló] como estadista, como soberano de hombres y como patriota… El general Díaz fue un trabajador infatigable que dedicó la totalidad de su tiempo, de su sobresaliente habilidad y de su gran fuerza a crear el bienestar de su pueblo y al desarrollo de su país. Ningún asceta se ha preocupado menos por sus propios intereses, placeres o comodidades.” – José Yves Limantour

En muchas ocasiones las personas se olvidan de lo que don Porfirio llegó a hacer a lo largo del S. XIX, por lo cual lo catalogan como un villano nacional, pues únicamente toman en cuenta su gestión desde el inicio del S. XX y con ello, el inicio de la Revolución ─incluso hasta lo inculpan de haber iniciado la Revolución, ¡una locura!─; y todos los problemas venideros, claro, esto omitiendo las maravillosas fiestas del Centenario de nuestra Independencia llevadas a cabo entre septiembre y octubre de 1910, en las cuáles, México, ante los ojos de los invitados internacionales, daba una impresión de ser un país primermundista, educado, refinado, avanzado y sobre todo, ordenado.

Asimismo, suelen dejar de lado el hecho de que durante estas fiestas se inauguraron múltiples obras, entre las que destacan bibliotecas, hospitales, palacios municipales, edificios, monumentos históricos, entre otras cosas, pero sin duda alguna, la obra más destacada de todas, fue la inauguración de la Universidad Nacional de México, hoy Universidad Nacional Autónoma de México; obras que al día de hoy siguen siendo un gran legado de lo que fue su presidencia.

Por desgracia, la historia oficial ha catalogado a Díaz como un dictador, aunque no fue así, simplemente demostró rasgos autoritarios, como lo mencionó Paul Garner; sin embargo, durante su régimen de gobierno dio a los mexicanos paz y libertad; seguridad, bienestar, estabilidad, desarrollo económico y colocó a México entre uno de los países más sobresalientes en el mundo y justo en la antesala de un “Primer Mundo”, pero que lamentablemente, debido a la Revolución y los tiempos posteriores, este sueño de gran nación que tuvo Díaz, se esfumó y se quedó únicamente como eso, un sueño.

En algún momento, el historiador Enrique Krauze afirmó que a don Porfirio hay que comprenderlo, no condenarlo, y es cierto. Él entregó su vida por México. Él preparó a México para entrar con paso firme a la modernidad mientras que él, al igual que otros líderes mundiales de ese tiempo, desafortunadamente ya no tenía cabida en el nuevo orden mundial.

Amado por unos y odiado por otros, pero se quiera o no, hay que reconocer que su historia es el ejemplo perfecto de una vida al servicio del país. Si existiera un manual del buen político, estaría basado en la vida de Porfirio Díaz pues es la prueba inequívoca de que un político debe servirle al pueblo y no servirse del mismo.

Haya sido como militar, diputado, ministro, gobernador o presidente de la República, don Porfirio con su clase y su mentalidad, entregó todo por su país. Sacrificó su bienestar e incluso el de su familia, por el de su patria. Lamentablemente, en estos tiempos es muy complicado encontrar políticos o estadistas como él, con esa visión, ese carácter, esa grandeza, ese respeto por la gente, ese amor por su país, o incluso con esa mentalidad progresista que prefieren anteponer los beneficios colectivos de una ciudadanía que les dio el voto de confianza, antes que los beneficios propios o partidistas.

De igual manera, creo que es momento de que nosotros como mexicanos nos podamos reconciliar con los fantasmas de nuestro pasado, que dejemos de ser víctimas de la historia que nos cuentan en la cual se enaltece o se condena a un personaje por conveniencia. Es momento de que esa historia de nunca acabar entre los buenos y los malos o los vencedores y vencidos se quede atrás y que comencemos a ver con claridad lo que fue y representa para nosotros como nación la presidencia de Porfirio Díaz.

Como dato curioso, en 1911 mientras don Porfirio se encontraba rondando las calles de Paris le llegó un mensaje de un acérrimo rival suyo, Enrique Creel, el cual, intentando consolar al ex-presidente afirmó “puede usted estar seguro de que el pueblo mexicano y la historia le harán cabal justicia”. Sin embargo, poquito más de un siglo después, esta afirmación no ha podido hacerse realidad.

El simple hecho de que 102 años después de su muerte, los restos de don Porfirio sigan sepultados en el cementerio de Montparnasse en Paris, nos demuestra que nuestro país aún no acepta ni reconoce lo que fue, es y será por siempre el grandísimo legado del régimen porfirista y nos da un claro mensaje: Pobre Porfirio, tan cerca de México, tan lejos del perdón.

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Datos del autor:

Licenciado en Derecho por la la Universidad Veracruzana, orgullosamente orizabeño

Twitter: @rarodbrito

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