¿En serio la opción es el populismo?

Alea Iacta Est

Por Raúl Rodríguez Brito

“El populismo siempre es peligroso. Los populistas niegan el pluralismo inherente a la democracia al reivindicar el monopolio moral de la representación. Siempre acaban diciendo que todos sus rivales por el poder son ilegítimos. Entonces la política no es una cuestión de debatir sobre políticas, que sería lo normal. Los populistas siempre acaban llevando la batalla a lo personal, a lo moral. Los populistas terminan cuestionando que quienes no les apoyan no forman parte de lo que llaman “pueblo”.”

– Jan-Werner Müller, politólogo alemán, profesor de la Universidad de Princeton.

 

 

Hace muchos años, Joseph Goebbels Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda durante el Tercer Reich y quien fuera uno de los más cercanos colaboradores de Adolf Hitler, creó 11 principios de propaganda, a través de los cuales, buscaba manipular y convencer a las personas alemanas mediante algunos carteles, apelando al instinto y las pasiones más que a la razón a fin de hacerles ver que los judíos eran los principales culpables de todos los males que existían en su tiempo.

Dichos principios, con o sin su conocimiento, son empleados por la mayoría de representantes populistas en sus actos de campaña o en su día a día para poder alcanzar el poder y tener el dominio de las personas, y si no me creen, pongamos unos ejemplos.

1.- Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo; individualizar al adversario en un único enemigo.

2.- Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3.- Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

4.- Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

5.- Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.

6.- Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.

Personajes como Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Álvaro Uribe en Colombia, los Perón y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Evo Morales y Paz Estenssoro en Bolivia, Fidel Castro en Cuba, Daniel Ortega en Nicaragua, Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Rafael Correa en Ecuador, Viktor Orbán en Hungría, Donald Trump en Estados Unidos, lo acontecido con el Brexit hace unos meses o personajes como Andrés Manuel en México, Marine Le Pen en Francia y el holandés Geert Wilders, son producto de la misma corriente… el populismo

Una corriente que si vemos cómo se ha desempeñado a lo largo de los años en los lugares en los que ha sido elegida, podemos notar que no ha sido de la mejor manera. Tan sólo veamos el caso de Venezuela, un país que hace muchos años simulaba un grandísimo crecimiento en todos sus sentidos gracias a sus innumerables riquezas, y que hoy, gracias a los gobiernos populistas de Maduro y principalmente de Chávez, es un caos total.

Eso es el populismo, una corriente problemática a la que no le interesa que el pueblo viva en hambruna o necesite medicinas, únicamente busca una mejoría pero para sus gobernantes, el pueblo, pasa siempre a segundo plano. Vemos en las noticias guerras, manifestaciones, gente viviendo en condiciones deplorables, muriendo de hambre, incomunicados, ¿y qué hacen los gobernantes? Buscan aprovechar la manera de obtener más poder para no soltarlo.

Y es que los gobiernos populistas suelen romper todos los paradigmas y buscan sí o sí imponer una constitución y/o un hábitat social a la medida de sus deseos. Ocurrió en su momento en Argentina con Perón, en Bolivia con Paz Estenssoro, en Cuba con Castro, en Venezuela con Chávez, así como también con Ortega en Nicaragua, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia y más recientemente, de nueva cuenta en Venezuela con Maduro.

Pese a quien le pese, el populismo es una corriente peligrosa y dañina para nuestra sociedad. Cualquier político que busque llegar a gobernar a través de esta corriente, llevará a la ruina al país.

Algunos de los ejemplos más claros son Cuba, Bolivia, Venezuela o Argentina, los cuales, a pesar de tener grandes recursos materiales y naturales, tienen muy deficientes procesos económicos, pobreza extrema, padecen hambruna o falta de medios para subsistir. Contrariamente, países como Uruguay, Perú y/o principalmente Chile, que trabajan sin populismo, ofrecen buenos resultados económicos y sociales.

Es por ello que no debe sorprendernos que países como Venezuela y Argentina, reitero, países con gobiernos populistas, sean aquellos que están entre los que tienen mayor nivel de inflación del mundo.

Una de las problemáticas centrales del populismo, es que se alimenta de las inseguridades, el desconocimiento, un supuesto “nacionalismo”, en sentimientos, en lugar de en datos, sentimientos que consistían en tomar posturas totalmente opuestas al gobierno anterior o a la ideología “teóricamente” opuesta; de la ignorancia, la inocencia, el odio racial y al igual que la publicidad de Goebbels, del instinto y las pasiones más que de la razón.

Tal y como lo menciona Francesc de Carreras, “la adhesión al populismo suele estar basada en la ignorancia y el arma clásica del populista es la demagogia”, y es que es cierto, las propuestas populistas suelen no tener pies ni cabeza, son en algunas ocasiones excesivamente costosas e incluso hasta un tanto obsoletas, o sus representantes siempre están buscando culpar a alguien de lo malo, y jamás ven lo malo en ellos mismos o ellas mismas.

“El político populista es usualmente un personaje carismático, que señala que el sistema político o económico daña al pueblo, y que sus críticos sólo buscan preservar el statu quo, por lo que son los enemigos del pueblo.” – Ricardo Hausmann, economista venezolano, director del Centro para el Desarrollo Internacional en la Universidad de Harvard y enemigo político de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela; citada en la columna de Enrique Quintana, “Las claves para enfrentar el populismo”, en el diario “El Financiero” del día lunes 27 de marzo de este año.

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El populismo florece gracias a los discursos de sus representantes en contra de alguien como “la mafia del poder”, las “fake news”, al capitalismo, el imperialismo o los enemigos externos, y a través de estos, culpar siempre a la oligarquía por algunos cierres de espacios en favor de la oposición, cierres empresariales, devaluación de la moneda, inseguridad, desempleo, crisis humanitarias, de mantener a quienes no se debe y demás, lo cual, a pesar de generarle votos al o a la populista, poco a poco comienza a empobrecer al país y sobre todo, a su gente.

Asimismo, la conversión de empresas privadas a públicas, ha hecho que las mismas se conviertan en centros de corrupción e ineficiencia. La falta de seguridad jurídica aumenta el riesgo de invertir en esos países por lo cual, sus bienes, así como las empresas privadas y en ocasiones también las públicas, en caso de que se desee su privatización, terminan devaluándose. De nueva cuenta cito el ejemplo de Venezuela, en el cual, la nacionalización de sus empresas petroleras ha sido un factor determinante para llevar a este país a la gran crisis que vive actualmente…

Esta consecución de gobiernos populistas, así como sus políticas, y el apoyo de muchos ciudadanos a las mismas y del gobierno a ellos y ellas, ha hecho que países ricos, pasen a ocupar el puesto de países con mayor inflación, desempleo, incremento de pobreza y demás situaciones.

Una solución factible para evitar todas estas problemáticas, sin importar si existe un gobierno de izquierda o de derecha, es el continuar con los trabajos de la gestión anterior, sin importar que esta haya sido de una diferente ideología, pues al fin y al cabo lo único que debería importarle a los y las gobernantes, es el bienestar social y el crecimiento del país. Tal y como lo hizo Chile, los y las gobernantes, deben construir las bases de su gestión y por tanto del país, sobre lo heredado por su antecesor.

De igual manera, evitar a toda costa el cierre de las puertas del país hacia la inversión extranjera, a mi parecer el error más grande que cometen los países gobernados por el populismo, pues a mayor inversión, más creación de empresas, lo cual aumenta el número de empleos, generando un crecimiento económico, un mejor bienestar social y por ende, una disminución en los índices de inseguridad. Así como se incrementa la calidad de vida, la fluidez económica, el turismo y demás.

Creo que después de todo lo aquí mencionado ha quedado claro que no, el populismo NO es la opción para gobernar un país. Estamos en México en la antesala de lo que podría ser el triunfo de un populista como Andrés Manuel, la historia habla. Los datos son duros, son reales. Mucho ojo México, si él queda electo, el México que conocemos podría ser completamente distinto, porque si llega a invertir en programas públicos y subsidios sociales o en otra reforma energética, ahí están los ejemplos de lo que pasó con Cuba y Venezuela que hicieron eso… Dios nos agarre confesados.

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Datos del autor:

Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, orgullosamente orizabeño

Twitter: @rarodbrito

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