Comunicación en la familia

Por Roberto López Barradas

Uno de los principales elementos para una buena relación entre todos los integrantes de una familia, es la comunicación. Entendiendo como comunicación, todo acto que transmita, traduzca o perciba un mensaje, que puede ser desde una palabra, un gesto, una mirada, un silencio.

Nuestros sueños antes del matrimonio y de la llegada de los hijos, son de dicha familiar: <<Vamos a ser muy felices. Otras familias quizás discutan, peleen, pero nosotros no; nos amamos>>. Por supuesto no somos tan ingenuos. Sabemos de un modo intelectual que con el tiempo habrá diferencias. Sin embargo, estamos seguros de que las vamos a discutir con franqueza, uno de nosotros siempre estará dispuesto a hacer concesiones y llegaremos a un acuerdo. Es difícil creer otra cosa cuando se está enamorado.

Pero un día la realidad se entremete, nos da la bienvenida al mundo real del matrimonio, de la vida en familia, donde siempre hay cabellos en el lavabo y pequeñas manchas blancas en el espejo, donde las discusiones se centran en cómo se desprende el papel higiénico y si la tapa del inodoro debe estar arriba o abajo. Es un mundo en donde los zapatos no caminan hasta el armario, ni los cajones se cierran solos, en donde las chamarras no les gusta colgarse, ni las calcetas se meten a la lavadora. En este mundo, una mirada puede herir y una palabra puede destrozar.

Sentimos que nos pertenecemos unos a otros en nuestra familia. Pensamos que podemos vencer todos los problemas sin llegar a la discusión, al enfrentamiento, al disgusto o al distanciamiento. Nos sentimos bondadosos con los demás. Es común escuchar a esposos, a padres, a hijos, decir: >>no puedo concebir la idea que haga algo que los pueda herir, mi único deseo es hacerlos felices, haría cualquiera cosa por verlos felices<<. Esta manera de pensar no es totalmente sincera, a veces es poco realista, porque en realidad somos egocéntricos por naturaleza. Nuestro mundo gira a nuestro alrededor. Ninguno de nosotros es completamente bondadoso hacia los demás.

Algunas parejas o familias creen que el final de su experiencia familiar significa que tiene dos opciones: resignarse a vivir desdichados con su pareja y/o hijos, o abandonar el barco y probar de nuevo. Nuestra generación ha optado por la última, mientras que en generaciones anteriores se escogía a menudo la primera. Antes de que concluyamos de manera automática que hemos tomado la mejor elección, tal vez deberíamos considerar que el 10% de los conflictos se deben a una diferencia de opiniones y el 90 % a un tono de voz equivocado.

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Para Dios hay una tercera y mejor alternativa. Podemos reconocer las diferencias que existen entre el pensamiento de los miembros de la familia, que los sentimientos nos pueden traicionar, que hay un alza y baja en las emociones constante, y ahora luchar por el amor verdadero con nuestra familia. Es un amor que une la razón y la emoción a base de una mejor comunicación. Involucra un acto de voluntad, requiere disciplina, también es reconocer la necesidad del crecimiento personal, en una comunión con Dios a través de la oración, que es la forma en la que los seres humanos nos podemos comunicar con Él. En la biblia, en el libro de Santiago capítulo 5, versículo 16 dice: “confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados…”

Es la decisión de emplear la energía en un esfuerzo para beneficiar a nuestros seres amados, sabiendo que si su vida se enriquece por nuestro esfuerzo, nosotros también tendremos un sentido de satisfacción, la satisfacción de haber hecho todo lo posible por mejorar nuestra relación familiar y haber amado con sinceridad, haciendo caso de lo que dice la biblia en otro capítulo del libro de Santiago: 1:19: “Por esto mis amados, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”

Por último, todas las familias y las parejas pueden tener discusiones y gran parte se debe a que el carácter de cada persona es diferente, pero Dios puede cambiar a cualquiera que esté dispuesto a abrir su corazón a Él, escucharlo, obedecerlo, perseverando en la oración, escudriñando su palabra como la que está escrita en el libro de Proverbios, capítulo 15, versículo 1: “La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor.”

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Datos del autor:

Abogado con maestría en Derecho Constitucional, Abogado del DIF de Xalapa, Enlace administrativo de Liconsa, Secretario Particular del alcalde de Banderilla, Oficial del registro civil de Banderilla, Oficial del registro civil de Emiliano Zapata y Asesor en la coordinación estatal de juntas de mejoras⁠⁠⁠⁠.

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Un comentario en “Comunicación en la familia

  1. En estos dias precisamente me he dado cuenta de la falta de comunicación que éxiste en mi entorno y el análisis me llevó a que : la era de la tecnología ha tragado literalmente a los jóvenes si no en su mayoría a los más.No hay la más mínima actitud de empatía,solidaridad familiar. Se han perdido los valores. Esto da mucha tristeza pues aunque también por este medio se habla de Dios a los jóvenes es lo que menos les interesa. El casarse para algunos es para escapar del yugo familiar y al enfrentar las obligaciones que esto conlleva tiran la toalla. Yo creo que debe haber una forma dinámica de atraer al joven para que al casarse tengan una visión diferente del matrimonio .

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