Despertar de la angustia

Por Roberto López Barradas

 

En los últimos años, se ha presentado un padecimiento entre las personas de manera muy común y cada vez más frecuente, las crisis de ansiedad, ante las circunstancias, el diario vivir, por demás estresante, por una vida demasiado ocupada, la mayor parte del día dedicado al trabajo, a los negocios, a las vanidades, modas; sin sentir una vida realizada, plena, sin satisfacción por el esfuerzo, y mucho menos pensar en tener un remanso de paz, lo que ocasiona un sufrimiento emocional, psicológico y ahora también físico.

La ciencia y la tecnología han logrado mitigar y después neutralizar el dolor humano que se presenta de mil maneras, emana de infinitos manantiales, ofrece millares de matices, de tal modo que cualquier persona desprevenida puede sentenciar: nacimos para morir. Basta asomarse a la puerta de cualquier vecino y no encontraremos casa alguna en donde el sufrimiento no se haya instalado.

Sufre el pobre porque es pobre, sufre el rico porque es rico, sufre el joven porque es joven y sufre el anciano porque es anciano. Se dan innumerables enfermedades, las mil y una incomprensiones, los conflictos íntimos, las depresiones y obsesiones, rencores y envidias, melancolías y tristezas, las limitaciones e impotencias, propias y ajenas, penas, suplicios…¡Señor, Señor! ¿Qué hacer con este bosque infinito de hojas muertas?

Todo lo que nosotros resistimos mentalmente, lo transformamos en enemigo. En la medida en que se resista esa figura, color, estatura, memoria deficiente, inteligencia mediocre, se transforma en nuestro enemigo más letal y comienza a avergonzarnos, y equivale a castigarse uno mismo, y se es víctima y verdugo de sí mismo, y todo sucede porque nuestra mente rechaza y hostiliza algo. En el momento que rechazamos mentalmente cualquier hecho o cosa, nos metemos en una angostura en la que el alma experimenta una sensación de ahogo, aprieto o asfixia. Es la angustia.          

La vida moderna, llena de agitación, conduce tarde o temprano a las personas a la fatiga mental. Esta fatiga se traduce en una incapacidad de ser dueño de su actividad mental. Es como si un cuerpo extraño, ajeno a su constitución se hubiera instalado en la conciencia. El hombre moderno se ha acostumbrado a solucionar sus problemas buscando “su salvación”, poco menos que mágicamente en los consultorios psiquiátricos y en las farmacias, siendo esto una vana ilusión, y termina perdiendo la fe en sí mismo.

No nos cansaremos de repetir que la mente humana es la fuente de todo bien y de todo mal, y que está en nuestras manos dejarnos vencer por el estrés y la angustia (crisis de ansiedad) o levantarnos victoriosos sabiendo que aquella terrible emergencia del mes pasado ya es un hecho olvidado. Y el susto que hoy tanto te espanta, en un mes más tarde será un simple recuerdo.

El escritor Ignacio Larrañaga, en su libro el arte de ser feliz dice: No hay peor prisión ni más dura esclavitud que una mente ocupada por sus propias obsesiones. Pero esta noticia, en lugar de ser de ser amarga, es una buena noticia porque así como nuestra mente engendra la angustia, también puede generar la libertad. Todo está en nuestras manos: el bien y el mal. El problema es uno: Despertar.

Has fracasado últimamente, es verdad, pero… ¿Pero por qué no piensas en tantos proyectos de tu vida que resultaron un pleno éxito? Mientras los demás te consideran como un hombre con suerte, tú te sientes descontento porque tus ojos están fijos en los episodios negativos de tu vida. El esfuerzo depende de ti, pero los resultados no dependen de ti sino de la voluntad de Dios. Porque por encima de todo, no hay antídoto más poderoso para vencer, casi infaliblemente, cualquier angustia que una fe viva.

human-43351_1280

Cultiva diariamente y con mucho mimo la planta de la fe. Cuando esta planta inunde de fragancia tu vida, tu casa, todas las personas que te rodean o se encuentren contigo, se contagiarán de alegría. Llena tu casa de armonía y ten presente que es un privilegio vivir. Fuiste creado por un Dios de amor e infinita misericordia.

En la biblia en el libro de Filipenses, capítulo 4, versículo 6 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”

Y en el evangelio según san Mateo en el capítulo 11, versículos del 28 al 30, Jesús nos hace esta promesa: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”

No importa mucho la angustia que tengas, pues lo que realmente importa es quien está a tu lado. Y si Dios está a tu lado, no hay crisis que te haga daño… La tribulación es crecimiento, y el triunfo para Su gloria.

¿Qué tanto te gustó lo que leíste?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s