La agenda progresista de un Presidente confesional

Themis y Deucalión

Por Luis Miguel Rodríguez Alemán

 

Desde el Colegio Plancarte de Atlacomulco, hasta la Universidad Panamericana fundada por el Opus Dei, la formación educativa del Presidente Enrique Peña Nieto estuvo siempre ligada con la Iglesia Católica. Aún como Gobernador del Estado de México, en numerosas publicaciones se documentó la estrecha relación que mantenía con el alto clero de aquella entidad; su amistad con Onésimo Cepeda fue uno de los signos más visibles de un gobernante sin temor de mostrar sus filiaciones religiosas.

Con estos antecedentes, más de un progresista en el país veía con recelo la llegada al poder de un político evidentemente vinculado con el clero, la estabilidad del estado laico quedaba en entredicho, y el conocido pragmatismo priista hacía pensar que en este sexenio muchas de las decisiones presidenciales dependerían de la voluntad “divina”.

Pero algo sucedió, finalmente el estado mexicano no fue entregado al clero y poco a poco comenzó a gestarse el triunfo de la agenda progresista por encima de la censura religiosa. Y es muy probable que para muchos podría parecer un tema menor, pero para un político de estirpe priista y formación católica como lo es Enrique Peña Nieto, promover una reforma a favor del matrimonio igualitario, no solo iba en contra de su formación y sus creencias, también se sabía que podría tener implicaciones políticas de alto impacto.

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Para entrar en contexto tomemos como ejemplo las lamentables declaraciones de Francisco Labastida Ochoa, quien afirmó que la principal causa de la derrota del Revolucionario Institucional en las pasadas elecciones, fue la propuesta del matrimonio igualitario impulsada desde la Presidencia de la República (De los escándalos de sus Gobernadores mejor no habló). Evidentemente, el homofóbico ex candidato presidencial no solo hacía esa afirmación por sus filias y fobias personales, él dejaba entrever con sus declaraciones, la sospecha que desde la curia romana en México, se hubiera operado un voto de protesta en contra del partido oficial, por las recientes reformas.

Aún así, consiente del enorme costo político que podrían representar estas propuestas, el actual Gobierno ha decidido no dar un paso atrás, ni en la búsqueda de legalizar el consumo de la mariguana, ni en la propuesta por permitir que en el país el matrimonio igualitario sea una realidad. Independientemente de donde provengan estas ideas, la agenda progresista del Presidente ha visto la luz en 2016, y ha sorprendido a más de uno, por ello resulta curioso que ante la embestida de los grupos conservadores que buscan parar por cualquier medio la aprobación de dichas reformas, no ha habido ningún grupo liberal o de izquierda que salga en defensa de ellas.

Y no vayamos lejos, los partidos autodenominados de izquierda, han mantenido un sospechoso silencio durante el periodo de discusión que ha habido en los medios, el PRD por ejemplo, en franco concubinato con Acción Nacional, decidió dejar a un lado su discurso progresista para dar paso a un acomodadizo proyecto político que abandona sus causas ideológicas con el fin de lograr victorias electorales. Por su parte Andrés Manuel López Obrador y su partido, jamás han querido asumir una postura formal al respecto, llegando al punto de afirmar que tanto el aborto como el matrimonio igualitario no son temas importantes de la agenda nacional.

Es por ello que me resulta inverosímil que finalmente quien decidió entrarle de lleno a estos temas haya sido un Presidente de extracción conservadora y que por encima del costo político y electoral que puede representar, en 2016 este Gobierno será recordado por haber impulsado una agenda progresista olvidada por la izquierda nacional.

Mucho se podrá decir que si estas propuestas responden más a la presión social y mediática que a un proyecto de nación concebido desde Los Pinos, pero la realidad es que se pudo haber nadado de muertito y seguir evadiendo estos temas hasta heredarlos a la administración siguiente, como hasta ahora se había hecho.

Puedes estar a favor o no de estos temas, pero en la búsqueda de una mayor igualdad en el país, sociedad y gobierno deben entrar juntos al debate y decidir hacía que México queremos transitar. La igualdad no puede y no debe quedar sujeta jamás a la voluntad exclusiva de un grupo religioso o de un partido político, debe ser un tema de discusión plural, por encima de los intereses personales.

¿Qué tanto te gusto lo que leíste?


Datos del autor:

Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, fundador de plumasprogresistas.com, Presidente Estatal de la Agrupación Política Nacional Ala Progresista en Veracruz y colaborador del Director de Educación Tecnológica en Veracruz. Facebook: facebook.com/lmaleman – Twitter: @RodrguezAleman

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