El día que el ex Gobernador lloró. SEGUNDA PARTE.

De moscas y de pasteles

Por el Señor de las Moscas

 

Desde hoy el Estado queda anexionado al imperio del “Gran Elector”, y su pueblo queda obligado a obedecer las leyes promulgadas por nuestro gran jefe, el Dictador de Twitter, el Conquistador del Progreso… el Futuro EMPERADOR DEL MUNDO.

Aún recuerdo esa gran introducción el día que tomé protesta. Era un sueño, no podía creer que yo, un tipo mediocre y sin méritos fuera gobernador. ¿A caso era un sueño? Gobernador, gobernador, YO soy el gobernador. Recuerdo el gran aplauso, me dicen Maestro sin serlo, Ciudadano Maestro, todos se ponen de pie, acomodo mi atril y tomo protesta:

 

Protesto guardar, y hacer guardar la Constitución en un cajón,

Olvidar las leyes del estado y obedecer las leyes que de mi emanen,

Desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Emperador,

Mirando en todo por el bien y prosperidad de mi persona, mi familia y mis amigos,

Prometo quitarles el dinero, la dignidad y la vida,

Y si así no lo hiciere que la nación y el estado me lo demanden.

Qué bella protesta, no sé de qué me reclaman. Recuerdo que la escribí con ayuda de mi mentor, mi amigo, a quien yo debía todo. Fui honesto desde un inicio. De aquí a la Presidencia, nada es imposible. Inteligencia, juventud y hambre, mucha hambre. Tenía el mundo en mis manos. Desdichados todos aquellos que piensan que los sueños no se hacen realidad. Aún recuerdo las burlas y los motes que sufrí durante mi vida de estudiante, cómo aquellos juniors de la universidad me veían menos, me despreciaban por no tener coche ni dinero, por no ser brillante, por ser un simple pusilánime. Véanme ahora, en mi coronación, millones me deben pleitesía y mi fortuna es mayor a cualquiera de sus herencias. Tal vez sino me hubieran hecho sufrir sería diferente, sería humilde, noble y virtuoso… pero aún siento el dolor de sus palabras y la necesidad de probarles que yo soy valioso. Que soy el Gobernador. Qué grandiosa es la vida, un día estás abajo y otro día estás arriba. Yo nunca volveré a estar abajo.

Así pensó el Gobernador, el Emperador. Fuimos tontos al no escuchar, negligentes en no actuar. El poder no cambia a las personas, muestra lo que son. Tardamos muchos años en reaccionar y lo hicimos porque ya no podíamos más. ¿Cómo se declara el acusado?

Inocente su señoría. Yo he respetado el mandato constitucional de todos los habitantes de este bello estado, he sacrificado a mi familia y he vivido sólo para el pueblo de México. Les he traído paz, progreso y alegría. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: El reino de Dios está dentro del hombre, no de un hombre, ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres, en el pueblo, el pueblo de mi estado tiene el poder de crear felicidad. Este juicio no es más que una farsa, los habitantes de esta región del país son felices, yo les regalé la felicidad. Yo no soy rico, mis bienes los he acumulado en el cielo, con todo el bien que le he traído a este alguna vez bello estado. Nunca he desviado dinero alguno, pues todo aquí me pertenece, la fiscalía no tiene pruebas de nada, esas acusaciones sólo existen en la retorcida imaginación de los ingratos. Desdichados aquellos que no son invitados al banquete de Nerón.

 

Todos recordamos aquellas palabras, muchos decían que la esquizofrenia había aparecido un día que el gobernador despertó lleno de sangre después de una gran orgía. Otros dicen que fue la presión que sintió el día que la Federación no lo respaldo, tanto dinero que había entregado de su feudo a su futuro presidente y estaba solo. Lo cierto es que siempre había padecido de debilidad de carácter y episodios repentinos de violencia, pero esto era diferente.

¡Maldito pueblo ingrato! ¡Malditos opositores! ¡Maldito Presidente! ¡Malditos todos! Yo no hice nada… ¡Sáquenme! Imploraba a su protector …

prision

 

Tomó seis meses dar con él después de que el pueblo en un acto inédito tomo como rehén al Fiscal General para obligarlo a renunciar. Tomó tres días y la promesa de linchamiento para hacerlo claudicar. La lealtad que se profesaban el Gobernador y el Fiscal era una filia sellada por el dinero y la ambición. Un abogado mediocre pero fiel, tonto pero de buen ver. Cuando asumió el cargo, supo desde el primer momento que su misión sería proteger al Emperador, sería la guardia pretoriana de Nerón. El escudo y la espada. La justicia que ve.

Como ya lo he repetido su Señoría, las imputaciones que se me están formulando son electoreras, una revancha política por hacer bien mi trabajo, por traer orden y progreso al Estado. Es más, el solo hecho de tenerme aquí parado es una violación a mis derechos constitucionales, el Fiscal Anticorrupción del Estado me impuso una sanción administrativa y una pena mínima que no era privativa de libertad, nadie en esta república puede ser juzgado dos veces por los mismos hechos. No deberían tenerme aquí.

 

La defensa de Nerón, muchas veces se frustraba por los arrebatos de su cliente, que pretendía dar cátedras de penal y constitucional. Si tan solo hubiese hecho lo que se le pidió, se repetía una y otra vez el socio más viejo de la firma que lo defendía. Nadie en el despacho podía entender cómo era posible que la orden de esconderse en oriente hubiese sido entendida de forma tan burda por su cliente. Tal vez estaba seguro que el entramado legal que había dejado atrás para protegerse era infalible. Olvidaba el último emperador de la dinastía revolucionaria que la realidad moldea el derecho y el derecho la realidad, y que la justicia trasciende la legalidad. Pensó que el destino que le reserva la historia a los tiranos no lo alcanzaría. Después de todo el era más que aquellos estúpidos Nazis que se dejaron colgar, era más inteligente que Milošević, más cruel que Pinochet y más astuto que Fujimori. La sima del “pinche poder” es un lugar remoto, triste y solitario. Es un lugar aislado del mundo y de sus dolencias. Nunca se pasa hambre, frio o sed. No hay sufrimiento, sólo placer. Se puede ver todo y a la vez no se puede entender nada. El no entendió nada. Aquel día a los ciudadanos de este Estado nos dio un vuelco el corazón. El ex Gobernador es detenido en Estambul.

Necesito hablar con el Presidente, debo hablar a la embajada. No puedo dejar que me extraditen, si me extraditan se estarían condenando, yo los ayude. Yo les di el dinero de mi feudo, mi dinero. Era mío y se los di. Me prometieron ayuda, me prometieron que todo estaría bien. Las risas. Se ríen de mi. ¡Mátenlos a todos!

 

El proceso de extradición fue complicado, sin embargo, los antecedentes de graves violaciones a los derechos humanos cometidos por el ex Gobernador habían indignado a la Unión Europea. Una Comisión de la verdad instituida al termino de su dictadura, había concluido que más de medio millón de personas habían sido ejecutadas y desaparecidas durante su gobierno. La presión que desde los Pinos se ejerció para la pronta liberación de aquel reo, se les había venido encima, cuando en el Parlamento Europeo se presentaron copias en francés e ingles de aquel triste reporte. La Unión Europea no sólo se resistía a la encantadora diplomacia mexicana, sino que exigía justicia y amenazaba con imponer sanciones económicas a México, sino se le procesaba.

Eso es ridículo. Yo no desaparecí a nadie, nos buscan por el dinero, y ahora ellos lo tienen, yo no ordené matar a nadie. ¿Que el Parlamento Europeo qué? Esos imbéciles quieren mi dinero, no saben quién soy. ¿Qué tiene que ver? No saben lo que valgo, yo soy Español. ¡Cómpralos!, ¡Yo no maté a nadie!, ¡Mátalos!, ¡Sácame!.

 

Todo en la vida es un péndulo, la fuerza que ejerzas de un lado la sentirás de regreso. La vida en el encierro no es la excepción, mientras más intenso vivas afuera, mientras más poder, dinero y libertad disfrutes afuera, más grande será tu miedo, tu desesperanza, tu frustración y tu sufrimiento una vez dentro. Tal vez por eso al final del juicio, aquellos que pudieron ver aquel muerto en vida, ya no envidiaron su fortuna, la suntuosidad y el placer desmedido. Y es que el gobernador había muerto aquel día que tomó protesta, pero nadie le avisó. El veredicto quedará marcado en nuestra memoria como aquel primer día que el ex gobernador lloró.

Benditos son aquellos que no fueron invitados a la cena de Nerón.

¿Qué tanto te gusto lo que leíste?


 

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