El hígado no es para votar

“Haz fama… y échasela a los demás”.

Por José Eduardo Ascencion Pérez

Terminan las campañas y las promesas están a la orden del día, todos los candidatos (en nuestro caso 7), tienen la fórmula mágica para sacar al estado del hoyo, del que aparentemente y según algunos, no podemos salir por cuenta propia.

No es nada raro que durante un proceso electoral en donde están en el aire los destinos de un estado tan importante como el nuestro, haya 7 candidatos registrados que aspiran al puesto de trabajo, con el que la mayoría de los ciudadanos soñaría tener; Son 7 opciones, 7 ideologías (por así llamarles), con todas las intenciones de realizar en nuestro Estado el cambio, que siempre se ha necesitado.

Es cierto que los constantes y enormes errores y traspiés de la actual administración estatal, han generado un caos que se ve reflejado en la falta de empleo, inseguridad y un descontento social muy marcado en todo el estado; hartazgo que ha orillado a que en todo veracruzano con ojos y oídos se engendre el atrevido pensamiento de que “cualquiera que llegue a la mini-gubernatura, será mejor que el actual gobernador”.

No son para nada raras e ilógicas este tipo de ideas, ya que la falta de empleos dignos y bien remunerados, deteriorados servicios de salud, constantes robos, asaltos y secuestros, represiones y hasta desapariciones, son una realidad innegable, la sociedad se encuentra lastimada por dicha situación que ha calado en lo más hondo del sentir veracruzano.

¿Hay un pueblo lastimado? cierto, ¿herido y burlado? cierto, y es eso lo que justifica y hace necesario el enojo, el coraje generalizado, no hay un solo veracruzano indiferente al encono social que vivimos, sin embargo, sí hay demasiada indiferencia a la acción, tomar parte en la reparación del daño. Porque aunque nuestro gobierno muestre un grave comportamiento de ineptitud, nos corresponde a los ciudadanos impedir que algo similar vuelva a suceder.

Debemos, en primer lugar, llamar a las cosas por su nombre; generalizar y señalar como política y políticos a una administración pública y funcionarios, que podrán saber de todo, menos sobre hacer política, no es lo más correcto. Quizás los estudiosos de la ciencia política, podrían diferir y hasta dejar de leer estas humildes e importantes líneas (lo respetamos), pero a nosotros, los mortales, nos toca mirar desde nuestra realidad, sin ninguna clase de mensajes esotéricos o exotéricos, sólo desde donde estamos parados, desde nuestra percepción y actualidad.

No hay nada malo en decir las cosas como son (aunque a algunos personajes les moleste y llamen para eliminar notas publicadas que no convienen a sus intereses): la fusta no hace al jinete, y tampoco “el hueso” hace al político. Dejemos de pregonar que la política y los políticos apestan, que son “unos ratas” ofendiendo a esas pobres criaturas. Digámosles lo que merecen, que son unos malísimos funcionarios, nefastos administradores y falsos benefactores, porque si no hacen política, no deben ser llamados políticos y punto.

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LA JUSTICIA COMO PROMESA ELECTORAL

Como lo sabemos, en Veracruz tenemos 7 aspirantes a gobernador. Todos culminando sus respectivas campañas, todos con un discurso del cambio, todos de pronto están interesados en los más desfavorecidos, en los problemas que los veracruzanos tenemos. Todos nos dicen lo que ya sabemos, que en Veracruz esto, que en Veracruz lo otro, todos desean que el gobernador en turno esté en la cárcel, todos dicen que lo meterán, todos nos dicen que por robar, lo que no dicen es cuánto, de dónde y a quienes robó y cómo lo meterán “al tambo”.

Aun así, nos prometen, piden el voto a cambio de supuestamente conseguirle una celda en algún penal al gober. Pero ¿es eso mérito para votarlos? ¿A caso los veracruzanos tenemos que mendingar y esperar que estos personajes tengan la “buena voluntad” y nos hagan, a los ciudadanos, el “enorme favor” de darnos justicia?

¿Debemos aplaudirlos por prometer hacer algo que por ley y moral tienen que hacer a la de “a fuercitas”?

Es por esa ausencia de justicia, la misma que no se dejó ver en los últimos 6 años, ni mucho menos durante los 12 de “alternancia”, por la que quizás en todo el país prevalezca una actitud permisionista, sumisa e impresionable ante cualquiera que nos la ofrezca, esa justicia que no hemos visto desde hace ya muchos años; no la conocemos, y es por eso que como los espejos que los españoles trajeron a nuestros antepasados, nos deslumbra y nos deja ciegos, imposibilitados para ver las perversas y egoístas intenciones de “algunos” de ellos.

El meter a la cárcel a un gobernador no debería ser promesa electoral, mucho menos si son conscientes de que no lo harán; tampoco es algo de voluntad, de si ellos quieren lo harán porque son muy buenos, ¡No señores! Eso nos corresponde exigirlo a quien quiera que llegue al gobierno, vigilar que lo hagan si así lo amerita, por la simple y sencilla razón de que si quieren que los contratemos como nuestro o nuestra administrador o administradora, su trabajo será velar que quien robó, devuelva lo que se llevó y no vuelva a ejercer jamás en la función pública si es que lograra salir de prisión.

UN CAMBIO QUE “VIENE, VIENE” PERO NOMÁS NO LLEGA

En la actualidad; bueno, desde que la “alternancia” comenzó a tener un lugar en nuestro sistema político, la palabra “cambio” ha sido usada y rehusada infinidad de veces para campañas de todo tipo. Que el cambio no puede esperar y tiene que llegar “hoy, hoy, hoy”; que solo con las “manos limpias” el cambio podrá llegar (curiosamente luego esas manos limpias, terminan mugrosas, ensangrentadas y apestosas a corrupción); que tenemos que Mover a México para que las cosas cambien; que crucemos el sol por el cambio; que elijamos a la Esperanza del Cacicazgo en México. Todos nos prometen cambio, y claro que cambian, cambian nuestra y su situación financiera, a nosotros nos alcanza para menos, a ellos para más. La vida de algunos de ellos también cambió, unos compraron nuevos carros, otros yates, unos más se hicieron de su propio partido político para hacer con él lo que les plazca, y sobre todo con sus prerrogativas, otros cuantos ya tienen pensión millonaria de por vida (óiganme, servir al país lo requiere así). Cambio, cambio, cambio.

Por supuesto que tenemos cambio, algunos jubilados del ISSSTE ya no tienen pensiones o se las redujeron, otros miembros de una familia de políticos en cambio tienen mansiones y hasta departamentos en Nueva York, Miami y España, mientras que en Veracruz, muchos ni siquiera saben si podrán pensionarse.

El cambio, señoras y señores, al menos en Veracruz, no puede funcionar como promesa electoral, porque es lo único que se mantiene constante en nuestras vidas, así que los candidatos y la candidata,tienen que buscarle por otro lado.

NUESTRO 3 DE 3

Hasta el momento y a un días de terminar la campaña, sólo 3 candidatos figuran en el ánimo popular.

Los 3 dicen ser los más honestos, y claro, todos nos harían un honor al gobernarnos o “desgobernarnos”.

Sin embargo, hay que ser honestos, y sobre todo realistas, decir la neta. Ser severos al discernir, pero también para aceptar las cosas que desmientan o contradigan nuestras diferentes formas de pensar.

Para poner un ejemplo, no puede ser posible y no es completamente realista que una persona, señalada principalmente (y eso porque es una de las cosas por las que se le señala y recuerda) por corrupción, tome una bandera de falsa justicia, y se pronuncie contra este principal mal que aqueja a nuestra función pública. En primer lugar, por respeto a la inteligencia de los veracruzanos, y en segundo porque su deber moral es responder ante la justicia a los ciudadanos que pretende gobernar, no a un partido político, ni a sus adversarios. Es su responsabilidad social aclarar los escándalos ¡Internacionales! y nacionales de corrupción en los que se ha visto envuelto, porque no podemos entregarle el cochinito flaco de nuestras finanzas públicas a un ser acusado de haber contribuido a robarle su alimento, para engordar al que tiene en su “chiquero”.

Por otro lado, si bien es cierto que a un partido político se le deben exigir cuentas claras estando o no en el poder, y estándolo, resultados positivos, además de señalarlos y pedir amonestación cuando incurran en actos ilegales, también debemos tomar parte de nuestra responsabilidad social, y exigirles excelentes y mejores funcionarios, exigirles a los institutos políticos congruencia y sobre todo transparencia en todo momento, no sólo en las actividades que les convienen.

Es cierto que Veracruz necesita una sacudida de esas amibas que nos han enfermado, pero tampoco está para experimentos administrativos y mucho menos políticos. Debemos tomar en cuenta que aunque en ocasiones nos cause aversión el color de algunas vitaminas, o nos den hasta asco, los beneficios, el bien por el que se toman es mayor; Veracruz padece una anemia de valores, de efectividad, de progreso, y lo que necesita es un suplemento fuerte, uno que nos traiga verdaderos beneficios y que su efectividad haya sido probada. Sólo así, podremos tener la oportunidad de recuperar el ánimo y energía perdidos.

La congruencia debe ser el eje rector de nuestras decisiones a la hora de elegir, nuestro estado está enfermo y no podemos rechazar una propuesta real de mejora sin corroborar su efectividad o historial benéfico. Tenemos la oportunidad de hacer conciencia y elegir no al “menos peor” de los suplementos, sino al más idóneo, al más preparado y al más centrado en un proyecto de 2 años, que servirá para cimentar el progreso social y económico de todos los veracruzanos, y no sólo de algunas familias del norte y centro del estado, por lo que de una forma justificada y comprobada, en Héctor Yunes tenemos el perfil de lo que nuestro Estado, en estos tiempos de contingencia, requiere.

También nos ofrecen una solución en un candidato esperanzado, del que no podemos dudar de su formación, aunque hace algunas semanas se haya dado a conocer que no hay registro de acreditaciones o títulos adquiridos en reconocidas instituciones del mundo a los que hace mención el candidato de Don AMLO; así también durante los debates, demostró un desconocimiento demográfico y geográfico del estado, además de evidenciar la falta de temple para abordar situaciones propias de un candidato a gobernador lo que nos hace reflexionar en su falta de carácter para enfrentar la grave situación que atraviesa Veracruz. Sin que sea su currículum académico (admirable aunque no sea tan internacional como dice) y su inexperiencia para gobernar, el tema a tratar, sí lo es, y de forma preocupante la influencia que sobre él tiene este personaje político que nos ha demostrado ya por 3 veces, que su hambre de poder es insaciable, lo ha anhelado ya casi por 18 años, y todos sabemos que el que nunca ha tenido y llega a tener…

Sin embargo, los veracruzanos también tenemos hambre, hambre de justicia, de igualdad y de desarrollo, pero las ideas radicales, ojo, de don AMLO y no las de su candidato, nos podrían generar un empacho que nos termine de rematar.

¿GUERRA SUCIA?

Para empezar; ¿Ha existido alguna vez en la historia de la humanidad, alguna guerra limpia?

En las guerras se pierden vidas, se lucha frente a frente, ¿Es una guerra (y sucia) desmentir a un mentiroso?

sólo esos con ideas bélicas, relacionan los hechos de su vida a una guerra. Porque si bien es cierto, las campañas electorales han sido relacionadas a lo largo de los años con guerras, es sólo por su estrategia, por la “inteligencia” con que se sobrellevaron, no para que en aras de ocultar triquiñuelas se acuda al argumento absurdo y desgastado de que evidencias certeras y comprobables de actos de corrupción, son una “guerra sucia” en contra suya.

Para quien es corrupto y mentiroso, ser exhibido es un ataque, un golpe a su cinismo, en eso estamos de acuerdo, pero para los veracruzanos, los robados, ansiosos de verdad, es una exigencia de justicia, esa justicia que no nos pueden ofrecer si toda su vida la han llevado al margen de la ley ¿Es eso sucio?

Para ser imparciales, les podríamos dar el beneficio de la duda, porque en líneas anteriores lo pedimos y sería injusto no dar lo que pedimos), suponiendo que sí es una “guerra sucia”, que al pobre perro más flaco se le juntan más las pulgas, podríamos preguntar ¿Y esas pruebas que no fueron expuestas en el país, sino en el extranjero, son inventadas? ¿Por qué hay evidencias factibles que los involucran a diversos negocios fraudulentos? ¿Por qué cuando es contra sus intereses personales es “guerra” y todavía ¡sucia!, pero cuando es contra alguno de sus opositores, es simple y llana exigencia de justicia?

¿Se les olvida que ahora sus eternos opositores y ocultos aliados les recuerdan los pactos que realizaron en lo “oscurito” para beneficiarse con dinero del pueblo? ¿En ése entonces no les importó la crisis económica que Veracruz vivía y en la que sigue sumido?

¿Y la guerra sucia contra el instituto político que los vio crecer, que les dio su primera oportunidad, contra el partido que les dio la mano y se quisieron agarrar hasta el pie y que ahora aprovechando el bien justificado descontento social no se cansan de escupir y arañar cada que tienen oportunidad?

¿Y la guerra sucia contra los que decidimos quedarnos, y mantener la dignidad y valores de ese partido? ¿Los que no queremos más improvisación ni corrupción en el partido? ¿Contra los que no somos corruptos, que Sí sabemos leer y escribir gracias a nuestras familias que trabajaron honradamente para darnos una educación a la mayoría, que sí fue pública y que por lo mismo defendemos con más fervor?

Porque no es lo mismo pronunciarse en defensa de la educación pública y tomarla de bandera, cuando eres el único en tu familia que fue a una institución del pueblo y que quizás ni hayas sentido incertidumbre ante un examen de admisión y mucho menos, tuviste que salir a buscar trabajo porque graduándote te convertiste en funcionario y aún con el paso del tiempo, continúas repitiendo ese patrón con tus descendientes.

¿Y la guerra sucia contra los priístas que venimos de familias que se ganan el sustento todos los días honradamente, que no somos recomendados ni impuestos, y que soportamos señalamientos de todo tipo sólo por el hecho de confirmar que militamos en el partido revolucionario de las instituciones, y que coincidimos y promovemos los valores de ése “horrible monstruo” que ha destruido, según ellos, al estado? Los hombres son los que destruyen, no las instituciones.

No es reproche, ni mucho menos justificación, es detonante de reflexión ¿Deben pagar todos una vajilla que se rompió en una celebración a la que ni siquiera fueron invitados?

¿Es una persona, todo un partido político?

Lo que ellos supuestamente exigen es justicia social, pero lo que los veracruzanos, partidos políticos, medios de comunicación, asociaciones y organizaciones, instituciones de justicia y derechos humanos internacionales y nacionales, piden con pruebas fehacientes y reales, es sólo una “guerra de lodo”, y ocupan dicho argumento para sumirse en un “hermetismo” que una vez más es incongruente como ellos mismos y que no hace más que incrementar la duda sobre sus supuestas buenas intenciones.

Yo creo y estoy convencido que para aspirar a representar las necesidades e intereses de más de 5 millones de veracruzanos (dato para el candidato de Morena), una probada honestidad, cero señalamientos por robar un solo peso del erario y decirnos los “más mejores” no basta si no hay congruencia con un historial, si no hay congruencia entre su discurso y sus acciones, es como si nos pronunciáramos izquierdistas, pero no respetáramos ni la vida animal, o como si tu historial personal, laboral y profesional y ético contradijeran la belleza de tus palabras.

Es necesaria la congruencia entre lo que decimos y lo que representamos, entre nuestras palabras y nuestros actos. Todos podemos decir maravillas de nosotros mismos, nuestros amigos y correligionarios también, si el interés es en común.

¿Quieren ser nuestros empleados? Que se comporten a la altura, que decirse honesto no basta. Los veracruzanos tenemos todo el derecho de exigir, pero con la exigencia, viene la obligación social de prepararnos, cuestionar, informarnos de verdad y nada a medias, tener la mente fría y el hígado aparte para no ser engañados con “un cambio” que sólo servirá para que ciertas familias adquieran más propiedades en Nueva York, Miami o España, o quizás nuevas cuentas millonarias en Panamá, suiza o algún otro paraíso fiscal.

Es necesario reconocer cuál es el perfil más idóneo para gobernar por 2 años al estado, que quizás Héctor no traiga el mejor discurso y tal vez en ocasiones sea algo redundante, que ha sido vinculado mañosamente con seres despreciables en el estado, pero los más involucrados con ellos son los que acusan con el dedo y sin pruebas, pero también es necesario analizar y comprobar que también tiene el mejor proyecto de los que los otros 6 candidatos presentan, que tiene el mejor historial no sólo académico, que no es como los demás porque lo respalda una moral y profesionalismo comprobados, pero sobre todo que cuenta con las herramientas y el respaldo necesario para mejorar no sólo la imagen de Veracruz sino la realidad de los Veracruzanos.

Está en nuestras manos razonar, repensar y realizar un cambio responsable.

Una humilde, pero importante opinión.

“El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás”

Plutarco.

¿Que tanto te gusto lo que leíste?


Datos del autor:

Eduardo Ascencion

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana.

 

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