Hoja de Papel

Nescimus quid loquitur
Por Jafet R. Cortés.

Me encuentro en una habitación bastante peculiar. Veo al rededor mío y encuentro objetos de muchos años atrás que encierran historias; una silla compuesta por tubos de acero galvanizado que forman una “s” incompleta; un buró desgastado por la polilla; un ropero con espejos en cada una de las tres portezuelas; y un escritorio sobre el cual me encuentro borroneando en una hoja de papel igual de antigua, el tiempo ya había hecho estragos en ella, el color blanco que había sido cambiado paulatinamente por uno amarillento que asimilaba la vainilla; el olor de las hojas de papel siempre ha causado en mí una sensación de satisfacción, tanto como el de un buen vino antes de ingerir el primer trago que daría pauta a una pequeña embriaguez, ¡Pero vaya!, quién no se ha embriagado alguna vez de sueños y de tertulias, con una nostalgia o algún licor.

Escribo en estas hojas, sobre este escritorio y con esta pluma, tan antiguo como la casa y los recuerdos de antaño que lleva consigo cada mueble, y cada rincón, hasta el más inhóspito del que fue alguna vez hogar de mis abuelos, atiborrado de risas, lágrimas; dolor, amor y locura; bendiciones y alguna que otra maldición; de muchos encuentros y ausencia. Poco a poco el brío celeste de esta propiedad se fue llenando de ecos tristes, sonrisas pálidas y mentiras piadosas; poco a poco se fueron quedando los muebles solos y los recuerdos punzantes.

En estos instantes me pregunto sobre el origen de esta pluma tan bella; se detecta una sutil elegancia, particular de todos los objetos que compraba mi abuelo, ciertamente podría hablar de que la imaginación me lleva a más cuestionamientos al respecto, ¿Qué habrán escrito con ella?, ¿habrán cerrado algún trato importante con aquella tinta?, nunca lo sabré, mi abuelo ya no está conmigo para decírmelo, y sólo me queda especular.

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Escribir nos ayuda a plasmar ideas formadas por la conexión de palabras, plasmar historias de todo tipo: historias de bronce entre buenos y malos; recuerdos de antaño que se materializan en cada hoja; batallas épicas entre el mito y la realidad. Unas relevantes para la vida en sociedad y otras, no tanto; aunque eso depende de los ojos que las lean y los labios que las pronuncien. Yo aparte de escribir, observo. Veo la tinta que se plasma en el papel de forma sutil, sublime ejercicio el que aparece cuando uno presencia el arte mecánico que desata este artefacto al tocar el papel y al hacerlo, liberar la tinta que estaba contenida hace unos instantes; como una espada de esgrima al momento de dar su trazo mortal, la tinta impacta en el papel, ¡Touche!, despierta en mí con más vehemencia la curiosidad por saber la historia de esa pluma.

Haciendo especulaciones, pienso que el origen de la pluma era producto de una fabricación fina, cada pieza estaba ensamblada perfectamente de forma casi artesanal; parecía como si el chapado en sus detalles hubiera sido hecho por unas manos expertas en este tipo de productos; tenía a un lado la iniciales de mi abuelo acompañado de la licenciatura en leyes que había cursado en la Universidad Veracruzana, la antes Escuela Libre de Derecho de Veracruz, siendo egresado de las primeras generaciones de su creación, “Lic. A.C.H.”; estoy seguro que fue un regalo de parte de alguien importante de aquella época; un político contemporáneo, un empresario con bastante capital económico en la región sur del estado, algún héroe de la revolución mexicana; no sé, es muy difícil saberlo y ya nadie está con vida para contarlo; mi abuelo conocía a mucha gente, ser el único notario público del lugar y de sus alrededores trae consigo dicha popularidad y aunado a esto, también hizo que muchos le debieran favores y que le tuvieran el respeto que se le tiene a un padre.

Sigo escribiendo con esta intrigante pluma, cada letra me genera más preguntas, cada trazo que hago con ella me hace volar mi imaginación a lugares nunca antes vistos, escenas en este mismo cuarto pero con un ambiente en color sepia, es como ver una película antigua pero sintiéndola parte de mí; es como si la pluma me contara en aquellos trazos los momentos que había vivido y las personas que la habían tocado.

Empiezo a ver a mi abuelo, y a mis tíos corriendo de niños por esta habitación; abrazando muy felizmente a mi abuela que les daba un beso en la frente con el fin de calmar sus ansias de jugar y mandarlos a lavarse las manos antes de comer. Observo miles de papeles firmados, uno tras otro: herencias, cambios de propietario, compra de inmuebles, certificaciones como fedatario público en general; uno tras otro, observo miles de papeles firmados, algunas manchas de tinta que hablan del cansancio, algunos trazos que no debían de ir ahí y uno que otro papel tirado a la basura. Quiero saber más al respecto, un mundo antiquísimo de recuerdos aterriza en mí, ¡Cómo puedo recordar eso!, yo no lo viví.

Cada instante que pasa quiero saber más al respecto y eso me mantiene intranquilo, escribiendo acerca de todo lo que sucede en mi pensamiento, en el entorno y en el recuerdo constante que me agota a ratos; pero lo que me lleva a la locura es una idea, ¿Soy yo el que escribe, o lo hace la pluma por voluntad propia?, ¡tonterías!, yo soy el que escribo, ¿y si no?, esto me hace enloquecer, ¿La estoy utilizando para plasmar mis ideas o ella me está utilizando para sentirse viva?, ¿qué me pasa?, ¿por qué me cuestiono tanto?, ¡esta pluma me está enloqueciendo!, pero no puedo dejar de escribir, es como si tuviera la altiva necesidad de seguir haciéndolo.

Viene a mí un cuestionamiento que me aterra, que lleva al límite mi nerviosismo su respuesta; es de esas preguntas que te cuestionas con miedo, que lo haces de esta forma porque realmente dudas si en verdad quieres saber la respuesta, ¿Sería esta pluma la causante del trágico final que tuvo la vida de mi abuelo?, nada es coincidencia y el sentir tanta angustia no lo puede ser. Empieza en mí a brotar una sensación particular, una presión en el pecho que me agobia y lo único que vislumbro en mi cabeza es la constante lluvia de recuerdos que podría jurar nunca haberlos vivido, recuerdos de rostros, siluetas, escenarios, papeles y más papeles, firmas y más firmas.

Se está acabando la tinta y a mí no me gusta dejar ideas (Dejo de escribir)…

[Para Antonio Cortés Hernández]

¿Qué tanto te gusto lo que leíste?


Datos del autor:

Político, pambollero,escritor, Licenciado en derecho egresado de la Universidad Veracruzana, originario de Xalapa, Veracruz Twitter: @JAFETcs

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