¿Qué es la política y por qué tanta gente ha dejado de creer en ella?

Nescimus quid loquitur

Por Jafet R. Cortés. 

Si se analiza pragmáticamente el escenario que surge al momento de hablar sobre política, se puede detectar un cambio repentino de humor; semblantes atiborrados de tristeza, indignación y hartazgo; decepción generalizada causada por falsos discursos que se caracterizan por contener las propuestas de siempre; promesas incumplidas por dirigentes de todos colores, nombres y apellidos. Sueños fragmentados por “políticos” que reducen a cenizas el arte tan noble de la política, transformando una práctica tan bella, en algo terrible y despreciable a la observancia general; con un olor penetrante que nos describe a distancia podredumbre y corrupción de almas, sociedades y gobiernos.

La política parte de la moral, ¿por qué pensar entonces que la política es mala?, la política es buena por naturaleza; en sí es la búsqueda del bien común, el ser político debería de ser la aspiración moral más grande en una sociedad; tener un cargo público nos serviría, en ningún caso para alimentar nuestro ego y deseos de grandeza, sino para ofrecerle a la sociedad la mejor versión de nosotros, que se centren en el respeto a la dignidad humana, la búsqueda del bien común, la tolerancia, y la integración y protección de grupos vulnerables; se debe tener una vista centrada en las necesidades sociales, teniendo los pies sobre la tierra, reconociendo errores, puntos débiles y carencias; siendo así, los primeros críticos de nuestro actuar, para redirigir el rumbo.

Ser político en la actualidad debería de estar conectado concretamente en el humanismo. Si bien es cierto que el humanismo existe en la sociedad en forma de pequeños retazos de bondad que tenemos cuando contribuimos desinteresadamente en auxiliar a los demás a que tengan mejores condiciones de vida, aspiren a tenerla ofreciéndoles herramientas que los hagan independientes y conscientes del poder que poseen como individuos, pero más aún, como colectividad.

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La función del político debe de ser la búsqueda de un cambio social a través de la participación ciudadana integradora, algo que carece la política hoy en día, y eso es causado por el desánimo que producen los gobernantes hipócritas, mentirosos, intolerantes y corruptos, que no se conducen por la sensibilidad social sino por el despilfarro de recursos públicos y la simulación indiscriminada. Uno de los puntos que más daño le ha causado a la política es la simulación: Simular contiendas electorales, simular resultados en infraestructura carretera, vivienda, educación; y los más peligrosos, simular resultados en seguridad y el sector de salud.

La simulación en cuestión de vivienda e infraestructura carretera es bastante mala, pero la simulación en seguridad, esa trae consecuencias desastrosas que vulneran poco a poco las fibras sociales; al hacer esto, los gobernantes convierten la vida de cada individuo en la constante y perpetua necesidad de cuidarse ellos mismos, desconfiando en las autoridades que deberían velar por su seguridad, y esa desconfianza generalizada a su vez se traduce en descontrol por parte de las personas que delinquen, a sabiendas que la autoridad no hará nada al respecto.

El simular la seguridad pública crea una multiplicación exponencial y sistematizada del crimen tanto el de fuero federal como son los secuestros, el tráfico de drogas y la trata de blancas, etc.; como los delitos producidos por delincuentes de fuero común como lo es el robo, etc.; y esta situación crea un estado de indefensión por parte de los ciudadanos, que produce a su vez un estado fallido por la integración de problemas causados por la inseguridad pública como lo son retrocesos en materia de inversión, establecimiento del comercio, y la creación de empleos.

La simulación en el sector de salud se sitúa prácticamente en el mismo punto de quiebre social, al igual que con la seguridad pública; hablando de hospitales, médicos y estrategias preparadas para cualquier contingencia, simular este tipo de cuestiones puede tener afectaciones muy graves. Simular estar listos para emergencias de esta índole y de verdad no estarlo, puede generar la propagación de enfermedades que se traduzcan a gran escala en miles de muertes negligencia burocrática. El peor error de un gobernante y de una autoridad pública es tratar de simular lo evidente, a sabiendas del probable y fatídico final que se puede vislumbrar.

Yéndonos al tema de la educación es similar, el progreso de una nación deviene de qué tanto trabaja en la preparación de las nuevas generaciones, Darles las herramientas para que piensen por sí mismos, eso, eso es política y la realizan los maestros en las aulas y fuera de ellas, encaminando e inspirando a jóvenes de todos los extractos sociales a ser mejores personas; a pensar en las generaciones que vienen, en la naturaleza, y tener la mente abierta para ocuparse en algo para que la realidad mejore.

Los docentes hacen política sin darse cuenta, trabajan por un bien común como lo hacen muchos profesionistas y empresarios, aunque no intuyan que lo hacen; claramente por la conceptualización de política que los lleva a pensar cuestiones negativas acerca de la vida, antivalores que se traducen en la desigualdad que vemos día con día, y no en lo que realmente es.

La política, de facto, está considerada como el arte de mentir por un beneficio propio, donde el más talentoso es el que miente sin que los demás se den cuenta de que han sido engañados, hasta que es demasiado tarde; es la búsqueda del poder por los poderosos, es olvidarse de sus raíces y del futuro de la sociedad. En eso ha acabado la conceptualización de política, esa es la idea que se tiene sobre ella actualmente, aunque sea totalmente errónea, porque la política, en un principio, no fue creada para eso, pero al final de cuentas, como todo, acabó desvirtuándose y los que la ejercían, acabaron corrompiéndose. Las ideas no se corrompen, los que lo hacen son las personas.

Viéndolo de una manera, la política, podríamos decir que es amor. Suena bastante extraño escribir estas dos palabras juntas, pero si lo analizamos un poco, podemos hablar de que persiguen objetivos similares: La política es amor, sencillamente porque si no lo fuera, no tendría nada que ver con la vida, y la política tiene todo que ver con ella. Hablemos de que la política es entrega, es buscar el bien de los demás en ocasiones sacrificando el propio, es pensar en las generaciones por venir y buscar la forma de que tengan las mismas o mejores condiciones de vida que podemos llegar a poseer actualmente; y el amor es similar a esto, ¿Por qué hacer política?, porque no podemos aspirar a una mejor presente si no homologamos objetivos y trazamos la ruta idónea donde todos juntos lleguemos a acercarnos lo más que podamos a la utopía; la política como el amor debe de ser la punta de lanza que nos permita romper paradigmas sociales y buscar la integración social y la participación ciudadana. Los políticos son ciudadanos, pero aparte de esto son dirigentes con un mayor número de responsabilidades; es de ellos la responsabilidad de dar el ejemplo de lo que debemos hacer todos, es responsabilidad de ellos velar por la protección de las minorías y el decidir qué es lo mejor para todas y todos; porque mientras más sabemos, más responsabilidad social adquirimos; y con ello viene el compromiso de actuar.

Por definición aristotélica, somos animales políticos, pero no todos hacemos política, aunque estamos predispuestos para poder hacerla. La política es gestión; es una constante lucha por obtener un beneficio para otro u otros; la política es humanismo puro, encarnado a la idea de buscar el bien común y el respeto a la dignidad del individuo. Por eso la política debe de ser considerada como amor, porque converge en la idea de un todo, formado por una serie de partes que lo componen, una universalidad engarzada a la carne viva de todos y todas; y al igual que ello, está conceptualizado de distinta forma dependiendo de las sociedades, el tiempo histórico, las necesidades, y el espacio geográfico en el que nos encontremos.

Hay que aprender de lo que somos capaces de manera individual, pero en mayor medida, hay que aprender de qué somos capaces como colectividad, hay que aprender que la verdadera revolución que podemos lograr es la revolución del intelecto, que está basada en la idea de no sólo ejercer nuestro deber ciudadano cada determinado tiempo al votar, sino de participar de manera activa y permanente en la transformación que necesita nuestra sociedad, aquella transformación que se basa en la deconstrucción de las ideas que laceran a las fibras sociales, esa lucha que poco a poco iremos ganando siempre y cuando seamos más.

Nada podemos lograr sin la política, nada podemos lograr fragmentados luchando cada quien por sus intereses propios.

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Datos del autor:

Político, pambollero,escritor, Licenciado en derecho egresado de la Universidad Veracruzana, originario de Xalapa, Veracruz Twitter: @JAFETcs

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