El resurgir del ogro de Octavio Paz

Alea lacta est

por Raul Rodríguez Brito

“Quién engañe, encontrará siempre quien se deje engañar, todos verán lo que aparenta y pocos lo que es, y estos pocos no se atreverán a ponerse en contra de la mayoría” 

Nicolás Maquiavelo

Ahora que estamos en época electoral, no puedo evitar recordar un texto escrito hace 38 años por el mexicano, premio Nobel de literatura Octavio Paz, en el cual comparó al Estado Mexicano con un “Ogro filantrópico”.

Este “ogro filantrópico” tiene actos humanitarios y de solidaridad con la población. Es él quien asiste y subsidia a los más pobres, pero es al mismo tiempo, regresivo y violento, pero también censura y persigue; no al grado de lo que en su tiempo fueron las dictaduras sudamericanas, pero sí con cierres de espacios en lo económico y en lo político. Ese “Ogro”tiene secuestrada a la sociedad, de la cual se alimenta lentamente y sin embargo trata de aparentar que la favorece.

Con el paso del tiempo, nos hemos olvidado que crece sin cesar mientras decaen los derechos y las libertades de los ciudadanos. Es este ogro quien nos asigna y quita nuestros derechos, quien piensa por nosotros, quien nos perdona y nos condena, es el que nos sonríe y nos reprende, nos abruma con la propaganda, nos otorga y niega permisos, quien decide sobre qué ser, qué pensar, qué decir y qué callar, cómo vivir y en qué creer.

El Estado alimentaba al populismo con recursos públicos para así, por otra parte, poder beneficiar a la “aristocracia” con ciertos privilegios. De acuerdo a Octavio Paz, este monstruo mostraba una cara benévola, sin embargo, esta” filantropía” tenía la falsa finalidad de tranquilizar al pueblo y evitar que estas se levantase contra el abuso del poder estatal en favor de unos pocos.

Algunos países como es el caso de Venezuela, Cuba, Corea del Norte y otros más, así como diversos estados de la República Mexicana, son ejemplos de hasta dónde puede llegar “el ogro filantrópico”, de cómo sus gobiernos se quitan las máscaras, de cómo se puede reprimir, cómo se puede mentir, cómo se puede arruinar la vida y la economía, y de cómo se puede envenenar a la sociedad en general gracias a estas acciones.

La expresión “ogro filantrópico” describe una actitud que se ha difundido en todas las sociedades modernas: la de la coacción de otros “por su propio bien”. A diario, millones de personas proponen y apoyan el uso de la coacción por parte del Estado para salvar a ciertos individuos de sus propias malas decisiones, o por determinados interéses. El Estado Mexicano es un ogro, ya que justifica el uso de la coacción de unos contra otros, y asimismo es filantrópico, porque justifica sus acciones con base en el “bienestar” del coaccionado.

Desgraciadamente no existe un verdadero respeto hacia los demás, sin tolerar el error o la imprudencia del otro. Por consiguiente, disfrazar la coacción de filantropía no es diferente a ponerle una máscara benévola a un monstruo, sino más bien es opresión y tiranía disfrazada de caridad y benevolencia.

Hoy en día, la filantropía es la característica que menos puede atribuírsele al Estado. Esta filantropía es lo que pretenden aparentar los gobiernos de una manera demagógica a través de una clase política caracterizada por la corrupción; en lugar de servir a la sociedad, como en teoría es su deber, se sirven de ella.

OgroFilantrópico
Foto: blog.elsupuesto.com

Durante la llamada revolución que llevó al poder a la clase política que ahora ocupa mayoritariamente el gobierno, en un principio hubo diferentes grupos políticos con algunas tendencias ideológicas positivas y autenticas; pero por desgracia, estas ya no existen más. Hoy su ideología es la codicia por la riqueza material, por el poder económico y la obsesión por el poder  político a como dé lugar. La búsqueda del poder por el poder mismo y por los “beneficios” que conlleva.

La corrupción de la administración pública mexicana, es otra manifestación de la persistencia de esas maneras de pensar y de sentir. Políticos, de cualquier “ideología” o de cualquier partido, que tienen una irreprochable conducta privada, que colocan a sus familiares, amigos y/o amigas, compadres y comadres en buenos puestos, que se burlan del estado en su propia cara con sus acciones, no tienen ningún problema con disponer de los bienes públicos como si fuesen propios. Sin embargo, en muchas ocasiones no solo es para su beneficio, como olvidar al hermano o a la hermana, o como no recordar a aquél compadre, o sus hijos, su herencia… entonces, cualquiera podría suponer que los bienes del Estado forman parte su patrimonio, y por lo tanto, ¿por qué no disponer de este “su” patrimonio para sus amigos y amigas, parientes e incluso sus servidores y/o servidoras favoritas?

Este Ogro, desde hace muchas décadas tiene cautivo al pueblo mexicano. Su función “filantrópica” la realiza solo para una parte pequeña de la población, a quienes también explota sistemáticamente, pero que aparenta atenderlos en forma relativa, aunque con grandes deficiencias. Sin embargo, posee una atención esmerada y grandes privilegios, única y exclusivamente para un grupo muy pequeño de la población los cuales, no solamente viven como reyes, sino que algunos de ellos se cuentan entre los más ricos del mundo.

Desafortunadamente no es posible erradicar a este ogro filantrópico de la mentalidad de cada persona mediante un decreto o una ley; pero cuando cada uno de nosotros reconozcamos que el respeto a la otra persona es el fundamento de una sociedad libre y pacífica, a pesar de estar en desacuerdo con sus ideología, religión y demás, y aunque nos parezcan imprudentes para su propia vida, entonces, nos libraremos de este monstruo de una vez por todas.

Si bien es cierto, hoy en día son distintas las condiciones de la sociedad mexicana en cuanto a la apertura política, en lo social se mantiene la pobreza de millones de personas, la informalidad en el empleo y la violencia criminal no cesa, sino todo lo contrario, cada día aumenta más y más. Algunos de los puntos esenciales del “ogro filantrópico de aquél lejano 1978 siguen teniendo vigencia hoy. Dieciséis años después de haberse iniciado el siglo XXI, como mexicanos creo que no debemos sentirnos orgullosos que todavía hoy, 38 años después de su divulgación, el “ogro filantrópico” sigue teniendo vida.

Los jóvenes que aspiramos a ocupar un cargo político y los mismos candidatos, a pesar de todos sus años dentro de la política y la administración pública, debemos entender que la verdadera política, NO es un negocio, sino que es un servicio. Un servicio tan complejo como trascendental, al que debemos acceder en plena madurez, conscientes de los caminos a tomar llegado el momento clave, pensando en tomar el camino para hacer historia, para cambiar la historia. Preparados para la toma decisiones pensando en el bien común de la sociedad en general y no en torno a sí mismo, buscando una manera de ganar dinero. Preparados para trascender y dejar atrás la mentalidad de las personas de que todo político siempre será corrupto, para así, y sólo así, ponerle un fin y evitar el resurgimiento de este “ogro filantrópico”

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Datos del autor:

Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, orgullosamente orizabeño

Twitter: @rarodbrito

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