Contracultura: La Cultura de la oposición

Nescimus quid loquitur

Por Jafet R. Cortés 

La contracultura en la política como en distintas cuestiones sociales es uno de los movimientos más prolíficos que se ha dado en el mundo; ha surgido desde todas las latitudes, momentos históricos y ha sido dirigido hacia todos los rincones del mundo en diferente magnitud e impacto.

En la actualidad se puede percibir que ha tenido un auge exponencial esta línea del pensamiento, que ha dejado a un lado un socialismo maltratado por la ineficacia de regímenes totalitaristas que han tomado el control de distintos países utilizando más que nada un socialismo encaminado hacia la utilización de métodos populistas de control de masas que de una correcta aplicación de lo que tanto hablaba el padre de esta corriente, Karl Marx; y por otro lado el mismo fenómeno pero en manos del capitalismo. Gobiernos que establecen políticas socialistas populistas, son tan malos como los gobiernos capitalistas populistas; al igual que el capitalismo indiferente, como el socialismo indiferente; el socialismo corrupto y el capitalismo corrupto. Al final la contracultura ataca cualquier régimen vigente.

Este debilitamiento paulatino del socialismo, que era predominante el siglo pasado como un pensamiento opositor, volcó a una parte importante de la población a tomar el camino de la contracultura, que pasó a ser primera fuerza a nivel mundial contrariando todos y cada uno de los regímenes alrededor del orbe terrestre. Perder la objetividad y criticar al sistema vigente promoviendo todo lo que represente lo contrario a este; haciendo invisibles los resultados positivos (por pocos que sean), por parte de los líderes de opinión que se aprovechan de esta tendencia para hacerse con partidarios para sus causas aparentemente nuevas.

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Si observamos un poco algunas líneas editoriales nos podemos dar cuenta de la tendencia que ha tiendo este movimiento del pensamiento, basado en la cultura de la oposición; donde los periodistas amarillistas que buscan cualquier equivocación del gobierno en turno que representa (parcialmente) la mayoría para hacerlo noticia, estos informadores se ven beneficiados de la contracultura, utilizando una manipulación tan sutil, que entra por las fibras más sensibles de la sociedad jugando con el rencor, la impotencia y la tristeza de la gente; colocando roles como en las historias de bronce donde alguien es el malo de la historia y otro, representa todo lo contrario; manipulando masas a través de cuestiones tan sencillas como la victimización de personaje públicos que la gente termina por apoyar al situarlos en ambientes de debilidad y de desventaja en las contiendas.

La contracultura nos ha llevado a una desunión social al remarcar la lucha de clases entre ricos y pobres, donde los pobres pasan tristemente a ser parte del botín político de algunos actores que centran sus esfuerzos en hacer más marcada esta división social. No combaten la pobreza en silencio, sino que la utilizan para jactarse de que ellos sí son parte del pueblo, aunque realmente no lo sean. La utilización de la cultura de la oposición los lleva a explotar este tipo de situaciones a su conveniencia, de una manera tan sutil que terminan los manipuladores por convertirse en mártires y victimas del sistema. La contracultura es criticar la tendencia, aunque ciertamente la crítica se haya vuelto una tendencia por sí sola; la cultura de la oposición podríamos marcarla como una tendencia de quejarnos de todo lo que ocurre en el mundo, perder ese sentido de lo propositivo y encerrar nuestra esperanza en la idea de que lo mejor es todo lo que sea completamente opuesto a lo establecido.

El problema de la contracultura es que se ha vuelto un método de manipulación sutil; vende tanto un discurso que toca la fibra social, hablando de todo lo malo que ha pasado hasta el día de hoy siguiendo la tendencia y al final establece una idea de algo diferente y todo lo positivo que vendrá de ella; vendiendo esperanza y situando sus simbolismos sobre ella, la gente podría, y efectivamente lo ha hecho, comprar la idea instantáneamente sin llegar a pensar si de verdad es lo correcto.

La fórmula de la cultura de la oposición ocurre en países socialistas y capitalistas; la idea de una contracultura es ser opositor de lo establecido, rebelarte ante algo que es para tu criterio, incorrecto. La contracultura es un arma de dos filos en la actualidad porque al final, cuando se convierte en estrategia política, nada nos asegura qué intención es buena.

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Datos del autor:

Político, pambollero,escritor, Licenciado en derecho egresado de la  Universidad Veracruzana, originario de Xalapa, Veracruz

Twitter: @JAFETcs

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