¿Reinserción social? Penales de México

Vericuetos

Por Leyda Blanco

El objetivo primordial del sistema penitenciario en el derecho penal contemporáneo es la reinserción social del condenado, es decir, la reintegración del reo en la sociedad al término de su condena o antes, según sea el caso. Pero es claro, reintegrarlo como ciudadano útil a la sociedad.

Actualmente, cuando las penas se vuelven un poco más misericordiosas y las crisis social y económica van en aumento, los espacios en los penales se vuelven chicos. Las condiciones de los penales mexicanos son las más propicias para continuar germinando la semilla de la delincuencia en quienes las pisan que para llevar a cabo el del sistema penal del que se comenta arriba. Para muestra un botón, el reciente y desafortunado suceso en el penal de Topo Chico en Nuevo León donde se hallaron celdas para “procesados especiales” que contaban con un sinfín privilegios como aire acondicionado y bares. Salta también la pregunta sobre la manera en que los reclusos obtienen diversos tipos de armas. ¿Corrupción es la respuesta? Las fibras del país y del gobierno están impregnadas por el crimen organizado y los penales son muestra de ello, donde los directores no son quienes “dirigen y controlan”.

Según reportes de la Secretaría de gobernación, y como queda visible en cada evento de violencia presentado en los penales mexicanos, existe una sobrepoblación de más de 45 mil reos, por consecuencia, se hace más complejo su manejo y su proceso de reinserción. Históricamente, han sido numerosos los casos de fugas inexplicables, riñas con saldos lamentables aunado con las condiciones que en contraparte, viven los reos que son “nadie”.

prison
Foto: smdani.com

México cuenta con una población carcelaria de 223 mil 187 internos en los 372 centros estatales y municipales, centros que cuentan con capacidad para 175 mil 17 espacios. En el mundo se presentan casos realmente curiosos ante la vista del mexicano, acostumbrado a ver “cosas chuecas” en su día a día. Existe un país donde sus ciudadanos confían plenamente en sus instituciones, los guardias de sus cárceles no están armados y a los reclusos, comúnmente se les llama “alumnos”. Este país, escandinavo por supuesto, es Filandia, cuenta con la menor cantidad de presos en toda la Unión Europea. Los filandeses viven en una cultura de respeto, civismo e igualdad, condiciones que les permiten vivir en armonía, de esta forma además de vivir tranquilos, se ahorran buena parte del presupuesto que aquí, es gastado y gastado sin resultados visibles. En 2013 en Suecia, se cerraron 4 de los centros penitenciarios más grandes del país por “falta” de presidiarios.

En América Latina, los extremos son Cuba y Haití, este último con la menor tasa de presidiarios por habitante. En Cuba por su parte, a pesar de ser un país donde prácticamente no hay problemas serios de crimen organizado, la existencia del régimen dictatorial ha sido en parte, gracias a las represiones que sufre la población, donde cada sujeto considerado “peligroso” para el régimen, termina enviado a la cárcel.

El punto es, ¿verdaderamente son las cárceles el punto para la reinserción social? ¿Y si trabajamos como sociedad con el objetivo de ir vaciando las cárceles? ¿Y si pensamos qué oportunidades les hemos negado a estos hombres y mujeres que ahora habitan nuestras cárceles? ¿Y si les devolvemos un poco? ¿Con represiones? ¿Con limitaciones? ¿Con violaciones a sus derechos humanos? El ser humano tiene por naturaleza, espíritu de libertad, por ese simple hecho, no creo que la prisión sea el mejor método o el más efectivo. Pero sí creo que la educación tiene ese poder, de hacer al hombre libre de cuerpo y alma y sobre todo, capaz de amar la libertad de los demás. La idiosincrasia del mexicano es de aplicar remedios en lugar de prevenir. Si bien es cierto que tenemos un desgobierno corrupto hasta los huesos, lleno de delincuentes muy peligrosos, también es cierto que el cambio debe salir de las raíces. El pueblo educando con civismo puede lograr un importante cambio, con acciones preventivas para bajar cada día los índices de criminalidad y delincuencia. Con acciones preventivas me refiero a retomar los valores de casa, en llevar la honestidad y el honor a todas partes, en rechazar la injusticia. Con valores bien sembrados, los delincuentes serán cada día menos, y nuestros gobernantes, a quienes tanto culpamos de las desgracias, serán mejores.

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