La absurda guerra contra el crimen o la teoría de los cristales rotos.

Themis y Deucalión

por Luis Miguel Rodríguez Alemán

“Toda reforma impuesta por la violencia no corregirá nada el mal: el buen juicio no necesita de la violencia.”

León Tolstoi

El crimen y la violencia en México son sin duda uno de los principales factores que detienen el crecimiento económico de nuestra nación. Solamente en 2014 el costo económico de la violencia en el país fue de un 17.3% del Producto Interno Bruto, que para fines prácticos equivale a más de 24,844 pesos por persona, esto según datos del Institute of Economics and Peace.

Imagínese un escenario donde inversionistas extranjeros, los grandes capitales mundiales que mueven la economía, se sientan con sus analistas y expertos para decidir año con año en que mercado emergente deben colocar sus recursos, imagínese cuando ven que México es la segunda nación más violenta del continente, solamente por debajo de Colombia, esto en datos del Global Peace Index 2015. ¿Usted se imagina a esos inversionistas pensando en gastar sus recursos en nuestro país?.

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Foto: Gustavo Aguado

Pues la realidad es que no, de ese tamaño y ese es el costo que la violencia esta generando en la nación, por ello la preocupación del Gobierno Federal de abatir los índices de criminalidad, de combatir a la delincuencia y de generar un estado de certidumbre y paz en el territorio.

Pero por allá del 2007 Felipe Calderón tuvo la maravillosa idea de combatir la violencia con más violencia y los resultados han sido evidentemente catastróficos a los ojos de todos.

Según el Índice de Paz México 2015, al declararse la guerra contra el narcotráfico en el sexenio de Calderón, el índice utilizado para medir la violencia paso de 1.9 a 2.7 en 2010, siendo este el año más violento en la historia del país. De ese pico en la violencia, hoy el país presenta una ligera mejoría en el índice de paz, ubicándose en 2.2 puntos con respecto al 2014.

Más allá de los números, de los reportes internacionales, de las observaciones de organismos de derechos humanos, esos 5 años de guerra encarnizada nos demostraron que combatir la violencia con más violencia, no es ni será nunca el camino adecuado.

Malcolm Gladwell en su libro The Tipping Point narra una anécdota sobre como las pequeñas acciones pueden generar grandes cambios en temas como el combate a la violencia y el crimen en una ciudad.

La “teoría de los cristales rotos” dice que: si se rompe una ventana de una casa y se deja sin arreglar, la gente que pase por delante deducirá que a nadie le importa y al poco tiempo aparecerán más ventanas con los cristales rotos, y pronto la edificación completa se verá afectada, dará cierta sensación de anarquía, trasmitiendo la idea de que en esa casa todo se vale. Gladwell menciona que los criminólogos James Q. Wilson y Kelling afirman que el crimen es el resultado inevitable del desorden.

Pero uno podría pensar que este tipo de teoría resulta ilógica, como imaginar combatir al poderoso crimen organizado con acciones simples, pues el autor señala un ejemplo real en la ciudad de Nueva York.

En los años 80`s, la ciudad vivía una de las peores rachas en índices de criminalidad, las tasas más altas de delitos mayores, secuestro, robo con violencia, violaciones, asesinatos, y para colmo se invertía mucho dinero en la policía y se generaban pocos resultados, hasta que dos personas decidieron poner en marcha la “teoría de los cristales rotos” David Gunn como director del metropolitano y William Bratton como jefe de la policía de la red del metropolitano.

Ellos dos comenzaron a combatir crímenes menores, acciones como impedir que miles de personas diariamente se saltaran los torniquetes en las entradas del metro, arrestando a quien lo hiciera, o impedir que se grafitearan los vagones y pintar el mismo día aquellos que hayan sido ya rayados, mandando el mensaje contundente que no se permitirían más este tipo de practicas. Contrario a lo ilógico que pudiera resultar, este tipo de acciones empezó a impactar indirectamente en la tasa de crímenes mayores, pero ¿cómo es posible? .

Estas dos personas estaban convencidas de que este tipo de acciones, no eran más que el reflejo de una expresión de desorden, en pocas palabras, un estado que no tiene la capacidad de combatir los crímenes menores, no tendrá nunca la oportunidad de hacerlo con los mayores.

México demanda de un cambio de estrategia en el combate al crimen, miles de millones de pesos nos cuesta la violencia cada año, y es momento de que municipios, estados y la federación se replanteen las estrategias que hasta el día de hoy solo han generado más muertos.

Para combatir realmente al crimen debemos empezar desde lo elemental, una correcta educación y una política de cero tolerancia a los crímenes menores, probablemente gastaríamos menos presupuesto y generaríamos mayores resultados.

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Un comentario en “La absurda guerra contra el crimen o la teoría de los cristales rotos.

  1. Muy buena la teoría de los cristales rotos, excelente analogía para aplicarla al caso concreto de nuestro bello país así como a la vida misma. Desgraciadamente en México los valores se están perdiendo día a día, una persona puede matar a otra con los ojos cerrado sabiendo que en la mayoría de los casos quedará impune. Mi consejo?: Las buenas personas se hacen en casa, eduquemos a nuestros hijos de forma tal que entiendan que el camino recto siempre será el correcto, buenas familias harán buenas sociedades y a su vez un buen país, por lo pequeño se empieza. Saludos hermano Luis Miguel.

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