México nación dogmática

Themis y Deucalión

por Luis Miguel Rodríguez Alemán

“La soberanía individual rechaza los dogmas, porque todo dogma es una voluntad ajena y toda soberanía quiere ser independiente”

Ignacio Ramírez, El Nigromante

Uno podría pensar que la luz del conocimiento se incrementa con el paso de los años, que el colectivo social de una nación se hace cada década mas sabio, cada año mas consiente, que cada Gobierno se perfecciona para volverse mas eficaz en su acción, pero en nuestro país la realidad es otra, ha transcurrido más de un siglo desde que un grupo de notables mexicanos reinvento el concepto de Nación, décadas y décadas han pasado desde que por la líneas de sus textos se construyeron, nuevos ideales, nuevos conceptos, nuevas leyes que reformaron el corazón de la República, el mayor de sus anhelos era ver a México convertida en una nación progresista, y sus ideales reformistas lo hicieron posible.

Congreso de la Unión

Allí se encuentran, en nuestros libros de texto la historia y el legado de esos grandes hombres, a todos nos toco estudiar sobre ellos, sobre Juárez, sobre Lerdo, sobre Iglesias, sus ideas lograron vencer la barrera del tiempo y llegaron hasta nosotros, pero siglo y medio después sus anhelos no han triunfado, la pugna entre liberales y conservadores continua, pero ahora se pelea en nuevos frentes, con nuevas siglas y nuevos rostros, y esas ideas, que tanto presumimos como mexicanos, sufren la invariable condena de nunca volverse acciones.

Podríamos pensar entonces, que somos la herencia de un México oprimido, que vio la luz como nación por la vía de la sangre y no de las ideas, que somos el legado de siglos enteros de saqueo y explotación, que somos una nación dogmática que ha aceptado sin cuestionar la idea de que nuestra cultura esta condenada al fracaso, y que hemos aceptado que los hijos de esta tierra nos arrebaten su riqueza.

La izquierda en México históricamente relacionada con el pensamiento liberal y progresista vive en estos tiempos su momento más obscuro, desdibujados, y sin un proyecto o un objetivo claro, se han vuelto una simple bisagra en el congreso,  aliados en ocasiones y siempre por conveniencia política de la derecha, nos han demostrado que no tienen  empacho al negociar al centro, arriba o abajo, pero siempre muy lejos de sus orígenes e ideales.

Algunos políticos de los partidos de izquierda han fallado en su afán de lograr su proyecto progresista, viven con los temores y paradigmas del pasado, se equiparan a los grandes liberales del siglo XIX pero luchan ferozmente por conservar leyes e instituciones añejas y fuera de tiempo; son sin duda los nuevos conservadores, los que se niegan al cambio.

Y es que es muy probable que para algunos podría resultar exagerada la comparación, pero es inevitable pensar que así como Juárez tuvo que enfrentar a los grandes poderes fácticos para lograr la gran obra de su proyecto reformador, hoy el Gobierno de Enrique Peña Nieto enfrenta una vez más los fantasmas del pasado, aquellos que se aferran fuerte a lo ya establecido por temor al cambio, aquellos que disfrazados de liberales son más recalcitrantes que los mismos conservadores de hace más de un siglo.

México sin duda es un país de dogmas en exceso, y en estos momentos de enormes transformaciones y grandes reformas, surgen estos amenazantes, en la conciencia colectiva para advertirnos del peligro que podría representar modernizarnos, transformarnos o reformarnos. Se encienden focos de alarma en el mexicano cuando alguien tiene la osadía de mencionar palabras como reelección, privatización o modernización, y nos decimos patriotas al defender los logros del pasado, pero olvidamos que los grandes avances se lograron, si, en momentos de enorme turbulencia política y de gran confrontación ideológica, pero siempre con la voluntad de la mayoría que no dudó jamás y apostaron al cambio, a la transformación y a la modernización.

Hoy México nos demanda que seamos más críticos, más analíticos, que dudemos de todo, que lo cuestionemos todo, que nos neguemos a aceptar como irrefutable las instituciones que se nos proponen en el presente, pero también que confrontemos con la realidad que vivimos las del pasado, dejemos atrás y para siempre los dogmas que nos impiden seguir por la ruta del desarrollo.

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